Como ser marginal en el Reino Unido: una guía práctica por Ken Loach

Por Juan Pablo Manrique

Un hombre va la agencia de seguridad social que le corresponde, a pedir una pensión por invalidez. La médica le dio la orden para que el Estado vea que, por su condición cardíaca, no puede trabajar, al menos por un buen tiempo. En la dependencia estatal no escuchan su pedido. Porque no lo escuchan a él, su problemática y lo que tiene que decir. Esto es algo que puede suceder en nuestro país; pero esto pasa en el Reino Unido.

Yo, Daniel Blake (I, Daniel Blake) es una crítica muy dura hacia la burocracia británica, la cual encasilla a las personas dentro de un protocolo para lograr eficacia y no soluciones reales. El personaje principal es un carpintero, que está sin trabajar debido a un problema en su corazón. Su objetivo es que el estado le reconozca ese derecho a través de un subsidio. En ese viaje Daniel (Dave Jones) conoce a Katie (Hayley Squires), una madre soltera con dos hijos. La relación entre ellos define este drama visceralmente realista: el eje temático es la lucha por sobreponerse a sus tragedias personales y a la pobreza galopante.

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Los barrios trabajadores de Londres, con sus fábricas, depósitos, pisos compartidos y casas llenas de humedad se repiten a lo largo de la película, donde la esperanza brilla por su ausencia. El director, Ken Loach, trata de darnos un poco de optimismo con pinceladas de amistad, recreos cómicos y la previsible ternura de personajes jóvenes que ven en Daniel un referente. Pero todo bajo el influjo de un estado que oprime y reprime a todo aquel que intenta cobijarse en él.

La digitalización de los requerimientos para obtener una prestación merece un párrafo aparte. El espectador se sentirá incómodo, por la total inoperancia del protagonista en el uso internet y le generará posiblemente rechazo. Si alguien se toma el trabajo de concurrir a cualquier sede de Anses, si un jubilado no tiene un hijo joven, nieto o sobrino que lo ayude con los trámites en la web está frito. Si pudo aggiornarse y sabe cómo manejarse con la computadora, podrá acceder a sus derechos. Daniel no es uno de ellos.

Esta obra refleja la problemática de la desocupación y los excluidos del sistema económico de un país del primer mundo. Para la audiencia latinoamericana “Yo, Daniel Blake” puede significar un grito de empatía; en Londres también hay pobres y gente desdichada.  Pero lo mejor que le puede pasar a cualquier persona que vaya a ver esta película es no tratar en el futuro a alguien que pide un subsidio como parásito. Lo dice Ken Loach encriptadamente durante el largometraje con este contundente mensaje acerca de los que sobran.

Mirá el trailer:

 

Título original: I, Daniel Blake
Director: Ken Loach
Guión: Paul Laverty
Música: George Fenton
Fotografía: Robbie Ryan
Género: Drama
Año: 2016
Duración: 100 min.
País: Reino Unido

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