El monstruo que llevan dentro los escritores

Por Juan Pablo G. Manrique

Ojalá Vivas Tiempos Interesantes, de Santiago Van Dam, explora los recovecos de la mente de los que se dedican a la creación literaria. Este viaje es llevado al extremo es pos de entretener y captar al espectador. Una comedia negra que a medida que se desarrolla pierde en humor, pero gana en intensidad.

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El protagonista es Marcos (Ezequiel Tronconi), un escritor de cuentos infantiles que, cansado de la rutina de creatividad tele-dirigida, decide renunciar a la editorial para la que trabaja, separarse y darle un vuelco a su vida: comenzar con su gran obra maestra. Pero su vida no se da como planeaba. A los pocos años se encuentra viviendo solo, cultivando y vendiendo marihuana para sobrevivir, al borde de bajar los brazos con su novela. A partir de ese momento, empieza a extremar las experiencias de su vida para inspirarse.

La crítica que la película hace al mundo de la creatividad es notoria. Basados en conceptos abstractos y deseos subliminales el personaje hace cualquier cosa para sentirse cargado de recursos que lo ayuden a escribir más y mejor. En ese viaje interno, a Marcos le surgen situaciones y problemáticas que lo acorralan y lo hacen vivir la vida que tenía pospuesta, y también otra que no esperaba.

El actor Ezequiel Tronconi se posesiona en un papel que no transmite constancia ni lentitud; se genera un constante subibaja, donde el razonamiento de su interpretación hace que el espectador no sepa si lo que está viendo en pantalla es la imaginación de Marcos o lo que está viviendo día a día. El simbolismo también entra en escena, con un juego de máscaras que más allá de hacer grotescos y gracioso ciertos pasajes de la película, oculta una crítica al que hace lo correcto.

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El empalme cómico de esta obra está dado por una clara apología al cultivo de marihuana para comercialización. También cómo en ese negocio se juegan sentimientos y mezquindades que el protagonista no sabe manejar y, al extremar medidas, queda envuelto en turbios escenarios.

En su primer largometraje, el director Van Dam logra ambientes, iluminaciones y una forma de relatar una historia que nos mantiene en vilo durante 110 minutos. La concentración máxima nunca se puede mantener, pero mediante recursos narrativos muy ingeniosos – como el personaje de “Pacha” hippie ambicioso por fumar que saca de su letargo a Marcos – vuelve a meter en la película, una y otra vez, a quién la está mirando.

El deseo erótico, la necesidad de escapar, la resignación al síndrome de la página en blanco y un cierto grado de existencialismo made in Camus hacen de esta película un cocktail picante que aparenta suave, pero con un retrogusto intenso y acaparador. Recomendable película para quienes escriben y piensan que tienen fantasmas en la cabeza; acá van a ver monstruos peludos gigantes y por supuesto, incorpóreos.

Mirá el trailer:

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