Parapipou o el viaje del Ska cooperativo hacia Vorterix

Por Juan Pablo Manrique

Caballito es un barrio lleno de sorpresas agradables. Detrás de una puerta de la calle Martín de Gainza se encuentra un lugar de trabajo. Un estudio equipado, base de ensayo y grabación, varios días en la semana desde las 10 am recibe a Parapipou. Esta banda de Ska argentino tiene más de 10 años en el ruedo fuera del mainstream pero se expande a base de fuerza de trabajo, autogestión y apostar constantemente por su crecimiento.

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Me abre Poti (Sebastián), uno de los guitarristas de la banda que vive en la sala. Es un horario muy atípico para entrevistar a gente del ambiente musical. Santiago Canda, armónica, es uno de los culpables del horario. “Entro a laburar a la 2 de la tarde. Durante 8 años no pasó esto, salíamos de laburar e íbamos a ensayar a las 10 de la noche. Ahora somos más grande, las salas de ensayo no abren a las 10 de la mañana. Nos queda más cómodo para la mañana; estás fresco”, dice entre mate y mate, vestido para salir directo para su jornada laboral luego del ensayo.

Alrededor de la mesa están Julián Chacón, bajista con un parecido físico a Fito en sus primeras épocas, Denise Modai que es percusionista y al rato llega Mauro, cantante de la banda. El explica que al principio eran 5, que al poco tiempo se convirtieron en 9 y ahora son 10. “Crecimos en número por la necesidad de ir sumando más colores y la diversidad de sonidos que buscábamos”, cuenta.

Como todo equipo grande, entre ellos y ellas reconocen a un Ginóbili: Lea Darqui, ingeniero recientemente recibido cuyo rol musical es doble. “Tiene todo el estudio que a todos los demás nos falta”, dice Santiago, mientras que Mauro agrega: “el esta escuchando el conjunto y es sutil para los sonidos que producen todos, no solamente para los de su instrumento”. Darqui sonríe y con muestras de humildad cambia un poco de tema (o no) y dice que una banda tan numerosa en vivo transmite interna y externamente mucha tensión.

Más allá de lo musical que es lo primordial, el motor de Parapipou es la autogestión. “Hace diez años que tenemos la banda y hace diez años que reinvertimos todo lo que generamos. Producimos nuestros propios eventos y el costo que tenemos para grabar videos, hacer fechas; así y todo seguimos poniendo dinero de nuestro bolsillo. Para que sea factible económicamente tenemos que crecer muchísimo para generar un ingreso que les sirva a todos”, explica Mauro, que es uno de los miembros del conjunto que ha dejado de trabajar de otra cosa para dedicarse enteramente al crecimiento de la agrupación.

Están habituados a la adversidad y a pesar de que no son parte del mainstream, piensan que la gente que los conoce se fue acercando por una decisión estratégica de comunicación: grabaron más de 20.000 discos con sus materiales y los fueron regalando a la gente en diversos eventos y recitales. Nunca una fecha grande fue coproducida. Tocaron en Niceto, en el patio del Konex, y dos veces en La Trastienda. Ahora quieren meter 1400 personas en el teatro Vorterix, cuando toquen allí el viernes 18 de agosto.

Falta menos de un mes para la fecha más importante que han tenido, aunque no lo digan por su meticulosidad y preparación lo dejan en claro. “Hoy la cultura es un lujo. No podés pagar los bienes básicos, mirá si vas a comprar una entrada para Vorterix con un mes de anticipación: somos una generación que no toma ese tipo de decisión hasta el último día”, manifiesta Mauro, aunque saben que no es fácil el número, confían en que todo irá bien y el público los acompañará como lo viene haciendo hace mucho tiempo.

LA HISTORIA DE “SISMO”

Alejandro Vázquez trabajo muchos años con los mejores: produjo discos del calibre de Hijos del Culo (La Bersuit en la época dorada), a Intoxicados, a Carajo recientemente, al Bordo y a Las Pastillas del Abuelo. Surgido de la escuela de Polygram y con la tutela de su tío Rubén (Pelo Aprile) se convirtió en uno de los jugadores más codiciados por cualquier banda que quiere grabar y tenga los recursos pertinentes. Sin embargo, si confía y le gusta la música Alejandro apuesta a bandas emergentes, el se achica en su presupuesto: este fue el caso del nuevo trabajo discográfico de la Banda denominado Sismo.

El disco lo grabaron en la sala de Martín de Gainza, y fue una experiencia enriquecedora por donde se la mire. Encontraron en Vázquez una persona humilde, dedicada, que siempre buscaba una solución. “Llegaba tarde a la casa por estar grabando nuestro disco”, dicen sorprendidos. “Yo pensaba que la gente de clase A de la música no era así. Me lleve una grata sorpresa. Es un tipo como uno que está hasta las 10 de la noche laburando con una onda barbara”, dice Mauro a la vez que destaca el manejo de las tensiones e inseguridades que tenían todos por la importancia del proyecto encarado.

Denise recuerda que cuando terminaba de grabar alguna parte, el productor venía y la abrazaba. Siempre tenía palabras de aliento. “A mi me hizo sentir Little Walter y soy un hijo de p**a. Pensabas que eras el mejor”, dice el armonicista, clasificando al productor como un motivador único.

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VUELTAS POR EL UNIVERSO

Una Gira por la costa. Cuatro por la patagonia (Santa Cruz, Puerto Deseado, Chubut) para tocar, compartir la música que hacían con la gente que los vió crecer (algunos de los miembros de la banda son oriundos sur) y una viaje que los movió de raíz. Estuvieron el año pasado en México. En el DF, Monterrey y otros lugares donde pudieron apreciar y vivir incontables situaciones.

Desde tener que producirse ellos sin conocer a nadie allá la gira por algunos inconvenientes, hasta tocar con la mitad de la banda a la espera que el resto pudiera volar por la disponibilidad de los pasajes. De tener 2000 personas de público a 10. De conocer muchísima gente y ver que en México el circuito del Ska es gigante en comparación con nuestro país. De sentir el cariño del mexicano hacia la música a ver como el narcotráfico es el estado en ciertos pueblos.

Todo esto los robustizó y espetó su objetivo. Siempre seguir creciendo, encontrando el beneficio en lo que en primera instancia parece malo. Compartiendo, dialogando y encaminando un proyecto común entre 10 personas y muchos que la reman desde afuera para aportar su grano de arena.

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