Cuando ser diferente es un pecado: El Pequeño Poni en el Picadero

Por Juan Pablo Manrique

A partir de esta semana pueden ver los sábados a las 22:15 hs y los domingos desde las 18:00 hs “El Pequeño Poni” en el Teatro “El Picadero”. En este drama, Melina Petriella encarna a Irene, una madre descolocada ante una situación que excede sus estructuras de razonamiento: su hijo es humillado en la escuela sistemáticamente por llevar una mochila con dibujos animados de Pony. La historia de Miguel, contada en omisión de su presencia, pone en juego una serie de variables que emocionan, empatizan y a veces ofuscan sobre la forma en que el adulto responde a este fenómeno categorizado como “Bullying”. Y en ese viaje revanchista y reivindicativo de las inseguridades entra navegando Alejandro Awada, Jaime, un padre chofer que trabaja por las noches con mucho estrés y está indignado por lo que sufre su hijo.

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El conflicto de la obra se desarrolla a medida que los padres descubren la soledad con la que su hijo enfrenta a la discriminación, el accionar de las autoridades escolares y la escalada de violencia y vejación que sufre Miguel. Un retrato que sobresale en el centro de la escenografía sirve de guía para el espectador. Estructurada en episodios (discusiones), cada vez que termina un segmento, las luces de la escenografía bajan y toma protagonismo mudo la imagen de Miguel. Con aspecto triste, o preocupado, el retrato refleja los posibles estados de animo del chico con colores psicodélicos que hacen alusión a la serie en cuestión que “origina” el conflicto, Mi Pequeño Pony.

La dinámica entre los dos actores impacta como forzada en una primera instancia: desde el amor. Las primeras escenas no terminan de dejar establecida una tensión de cariño entre los protagonistas. Pero tal vez esa incomodidad percibida desde la platea toma entidad cuando comienza el conflicto y se ven los fantasmas de cada uno en escena. Petriella transmite angustia y optimismo, trata de comprender la situación y lo que más le duele: tener un hijo diferente. Y Awada encarna el progresismo y la defensa de los derechos de su hijo a ser él mismo, defensa potenciada por su propio ego y concepción del deber ser, cristalización de las frustraciones del personaje.

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Al estar la obra basada en un caso real, que sucedió en Estados Unidos, hay ciertos recursos narrativos y situaciones que pueden resultar ajenas a la argentinidad. Esta dificultad logra ser sorteada por los intérpretes a medida que el conflicto se complejiza y se manifiestan los valores y pensamientos de la pareja. La forma en la cual se aborda la discriminación y la violencia hacia el otro por “distinto” es catártica; la atmósfera incomoda y frustra, así como le pasaría al padre o madre que viva dicha situación. Awada resalta por las explosiones de su personaje, embebidas en una reivindicación casi estoica de su rol de padre ejemplar y mucho más de avanzada que la madre.

La escenografía consta de un comedor con sillas blancas y pocas decoraciones, el cuadro que refleja los estado de ánimo de Miguel entre escena y escena, y algunos muebles con funcionalidades mínimas como el perchero. La música acompaña los colores y las mutaciones del retrato del chico, completando la pausa y dándole una premonición al espectador de lo que puede haber ocurrido con el personaje ausente. No hay canciones, sino separadores. La obra es estéticamente un diálogo completo dividido en capítulos.

El autor es Paco Bezerra, la adaptación de Ignacio Gomez Bustamante y la dirige Nelson Valente. Los actores están muy atados al libro, aparentemente, ya que tienen unas discusiones con una terminología que emula un lenguaje neutral. Las instituciones intervinientes en la obra tienen raigambre norteamericana. Superada esa imposición, la empatía con los personajes es casi inmediata. Con el correr de las presentaciones si se produce una suerte de argentinización de ciertas interacciones y situaciones, es factible que esta obra marque tendencia y se convierta en una de las más exitosas de la temporada. La problemática que aborda es angustiante, y el microclima que se genera con la audiencia es atrapante hasta el desenlace. Un abordaje chocante a una gran problemática.

Elenco: Alejandro Awada – Melina Petriella
Autor: Paco Bezerra
Adaptación: Ignacio Gómez Bustamante
Director: Nelson Valente.
Directora Asistente: Nayla Pose
Diseño de escenografía y Video: Maxi Vecco
Diseño de iluminación: Marcelo Cuervo
Diseño de Vesutario: Daniela Dearti
Música Original: Silvina Aspiazu
Realización de escenografía: Estudio QVP
Realización de cuadro: Majo Crivella Arte Escenográfico.
Operador de Video: Mariano Luna
Diseño Gráfico: Diego Heras
Fotos: Alejandra López
Comuniación: Gustavo Passerino
Prensa: SMW
Producción ejecutiva: Luciano Greco
Coordinación técnica: Alberto López Sierra
Coordinación de producción: Romina Chepe
Productor General: Sebastián Blutrach

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