Lorca y su pasión inmortal

Por Juan Pablo Manrique

Federico García Lorca fue un símbolo de la cultura violentada por la intolerancia de la guerra civil española. Fue asesinado en Granada el 19 de agosto de 1936, por ser políticamente incorrecto para un régimen totalitario que comenzaba a erigirse como el futuro gobierno Español de Francisco Franco. La simbología del personaje y su trágico final sumergen al público en un homenaje teatral intenso con “La Pasión Según Lorca”, obra dirigida por María Inés Azzarri.

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La obra comienza con una escena impactante donde se ve una representación del fatídico desenlace del poeta y dramaturgo español. Acto seguido, empieza la intercalación in crescendo de escenas memorables de “La casa de Bernarda Alba” interpretadas por Mariela Verde y Eloisa Colussi. Ellas se van rotando los papeles de las hermanas y de la madre, mientras todas se muestran frustradas y resentidas por la aparición de un hombre dispuesto a casarse con la hermana mayor de una familia de mujeres encerradas por el luto. Sin embargo, el hombre elige amar a las más joven.

La dinámica de la obra tiene dos motores que generan el avance constante. El primero es la música en vivo: flamenco, guitarra española con variaciones, percusión y demás arreglos realizados en vivo por Alberto Jiménez. Su música se hace una con la íntima sala del espacio NoAvestruz (Humboldt 1857, CABA) representando las emociones de los actores y dándole énfasis y colores a los diálogos y monólogos.

El segundo hilo conductor son las interpretaciones de Fernando Atias. Encarna a Lorca hablando del pueblo de su padre -donde señala que se inspiró en la familia Alba que vivían encerradas bajo la oscura autoridad de su madre cinco hermanas-, a la madre de Bernarda – una abuela senil y picante – y determina el inicio y el fin de la obra con dos escenas impactantes que toman por sorpresa a la audiencia. También refleja la alegría y picardía del escritor, dándole retazos de vitalidad para ensalzar la memoria de Lorca.

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La escenografía cuenta con muebles de época que van rotando y siendo movidos por los mismos actores entre cambio y cambio de escena, así como la vestimenta remite a los años previos a la guerra civil española. La iluminación es mortuoria, compuesta de luto poniendo en contexto de la oscuridad de la casa de la tradicional obra -se decía que siempre estaban las ventanas cerradas-.

Las actuaciones son descarnadas y con una entrega total. El elenco demuestra química y su interacción es naturalizada rápidamente por el espectador; no hay escenas forzadas. La elección de las escenas y su concatenación con los textos y representaciones de Lorca trazan un paralelismo entre la creciente represión en el hogar de la familia Alba y el estado Español. Poco a poco todo se va tornando compacto, apretado, violento y representando el “deber ser”. Sin duda la obra será más disfrutada por quienes conozcan la historia de Lorca y/o la obra de teatro original. Pero más allá de esta aclaración, es una hora de intensidad teatral para no perderse.

Dramaturgia: María Inés Azzarri, Mariela Maehokama, Carolina Baigorria
Elenco: Mariela Verde, Eloísa Colussi, Fernando Atias
Música original y en vivo: Alberto Jiménez
Iluminación: Ariel Bottor
Gestión operativa: Cecilia Pérez Declercq
Producción ejecutiva: Mariana Zarnicki
Prensa y difusión: Kazeta Prensa
Fotografía: Karina Macchioli
Realización de vestuario: Allegra Dee
Diseño gráfico: Verónica Martorelli
Dirección, puesta en escena y vestuario: María Inés Azzarri

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