Crítica: “Duro de cuidar”

Por Juan Cruz Sainiuk

La película “Duro de cuidar” (“The Hitman’s Bodyguard”), se basa en una historia de acción repleta de momentos cómicos en los que los protagonistas, Ryan Reynolds y Samuel L. Jackson, encarnan a una pareja despareja.

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Reynolds actúa de Michael Bryce, un guardaespaldas de élite que protege a criminales de alta categoría. El film es de comienzo a fin irónico. Se ve desde el arranque: Michael es caracterizado como un hombre exitoso que nunca falla y a los pocos minutos se convierte en un fracasado que pierde su empleo, como consecuencia de su ineficacia.

Ya sin relación alguna con su empleo anterior, Bryce recibe un llamado de una ex novia que trabaja para la Interpol, caracterizada por Élodie Yung. La mujer le encarga el cuidado de un sicario buscado en múltiples países. ¿El motivo? El asesino, Darius Kincaid, encarnado por Jackson, estaba vinculado a las andadas de un genocida ruso, que es Gary Oldman. Por lo tanto, la Corte Internacional de la Justicia le exige que atestigüe en el caso en su contra. El desafío que propone la película es que los espectadores sean testigos de lo difícil que es matarlo, sin aburrirse.

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En las dos horas que dura la “Duro de cuidar” se ve lo típico de las películas de acción. Tiros y explosiones increíbles. Sin embargo, hasta el final de la obra, no se dan señales de qué es lo que ataña a los dos protagonistas a la cuestión. No se logra entender por completo de qué están escapando y por qué se está protegiendo a un criminal de otro que es dictador. Recién al final de la película se deja entrever que Kincaid tiene pruebas contra el ruso. El espectador se confunde y pierde el hilo de la historia, lamentablemente.

La película busca dramatizar al tope las escenas de acción y mezclarlas con comedia, buscando que el espectador sienta, al mismo tiempo, tensión y gracia: algo complejo de llevar a cabo. Si bien hay escenas divertidas -por ejemplo una en la que podemos ver a Jackson y Reynolds cantando a capela-, estas se vuelven algo repetitivas y, a medida que la película transcurre, se pierde el efecto.

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Con innumerables recursos, genera una sensación de drama constante, que logra cautivar al espectador. No obstante, las repetidas intenciones de entrelazar la comedia con el drama no llegan a buen puerto. En varias ocasiones se logra un clima de tensión, que, de todas formas, suelen desembocar en chistes fáciles que le quitan seriedad a lo que la historia trata de plantear.

Es cierto que se quiso explotar la química entre Reynolds y Jackson, pero sus personajes se parecen más bien a papeles que ya han hecho anteriormente. En diversas escenas, se puede notar un intento muy forzado de recrear al Jackson que todos conocimos en “Pulp Fiction”.

Por otro lado, se intenta explotar la vieja fórmula de la pareja dispareja que se repele y en el final logra formar un respeto mutuo. Se destaca hasta el cansancio las diferencias de los dos protagonistas. El film pretende ir por todo y utiliza los recursos a tope. Sin embargo, no es suficiente: hay una falta de criterio. Los diálogos, las escenas y hasta los personajes segregan exageración a tal punto que caen en lo predecible.

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