No es otra historia de amor, es un cuadro

Por Tomás Onorato

Pocas veces en la historia una película se convierte en una obra de arte. Este es el caso de Loving Vincent(Amando a Vincent), escrita y dirigida por Hugh Welchman, ganador del Oscar a mejor cortometraje animado en 2008, y su esposa, Dorota Kobiela. La obra maestra requirió 125 pintores de óleo, que no solo debieron emular el estilo tan particular de Vincent Van Gogh, sino que además lo reprodujeron en 66.960 cuadros, para conformar la primera película animada en stop motion hecha únicamente a base de pinturas.

unnamed.jpg

Vincent Van Gogh se decidió por ser artista a los 27 años, a fuerza de presión de su hermano menor Theo. La soledad torturante que cargaba sólo era opacada por el deseo de mostrar su potencial y pasión. Su impulso por dejar algo “valioso” para la humanidad lo llevó a París, donde fue influenciado por varios artistas impresionistas, como Claude Monet y Paul Gauguin. En 1888, Vincent se mudó a Arles, al sur de Francia, con el objetivo de crear una comunidad de artistas, a él se sumó Gauguin. Sin embargo, ese mismo año, su enfermedad mental comenzó a manifestarse. Los colegas y amigos tuvieron una gran disputa, al punto en que Vincent lo persiguió amenazante con un cuchillo, para luego protagonizar su famosa automutilación. Luego de que el desolado pintor se cortara su oreja y se la regalara a una prostituta, se instaló en un manicomio, donde logró darle vida a sus obras más famosas -entre ataques de pánico-. Al ser dado de alta, se mudó a Auvers-su-Oise. Allí, Vincent vivió sus últimos años, bajo constante trabajo y permanente sentimiento de vacío. El 27 de julio de 1890, se suicidó.

Loving Vincent cuenta la historia de Armand Roulin (Douglas Booth), hijo del cartero de Vincent (Robert Gulaczyk) en sus últimos años. Es solitario, vagabundo y -debe decirse, gran cliché- recibe la misión de entregar la última carta que el consagrado pintor le escribió a su difunto hermano Theo (Cezary Lukaszewicz). Armand se aventura hacia Arles, para descubrir que Theo había fallecido seis meses después que Vincent. Entonces, el incomprendido mensajero viaja a Auvers-su-Oise, determinado a cumplir la tarea que le dio su padre.

La película idealizada por Kobiela requiere verse en dos formas distintas: en primer lugar, como una instalación visual de dimensiones inimaginables. Los pintores, dirigidos por el polaco Piotr Dominiak, debieron tomar las imágenes reales, captadas por la cámara, y recrearlas en un lienzo bajo el estilo de uno de los padres del arte. Durante su casi hora y media, el film enseña varios cuadros de Vincent escondidos entre las tomas, tales como “La noche estrellada”, “La terraza del café de la Plaza de Forum”, “Trigal con cuervos”, entre otros.

Para cada escena, los artistas debieron pintar el fondo, luego a los personajes y, una vez acabado el cuadro, raspar la pintura e ilustrar el siguiente movimiento. Su esfuerzo vale cada segundo en la pantalla. La profundidad es altamente llamativa, las pinceladas le dan una dinámica a la obra que le hace justicia a Vincent. “Nuestro mayor problema con la animación fue que, obviamente, debíamos iluminar los lienzos y había que hacerlo de manera pareja. No como en los museos, donde se ilumina direccionalmente. Fue un reto lograr que se note la textura en la pantalla”, le comentó Kobiela al Huffington Post.

Otro detalle meritorio de la exhaustiva realización es que el rodaje contó con la actuación de un casting elegido según retratos del mismo Vincent. Estos actores y actrices de rasgos realmente similares luego fueron recreados en personajes de animación.

Ahora, Loving Vincent visto bajo la etiqueta de un film es un experiencia completamente distinta. La historia de la desgraciada vida de un genio, contada por quienes fueron al menos acariciados por su luz. Como su título sugiere, desde los primeros minutos el espectador empieza a conocer a Vincent; lo hace a través de las personas que lo amaron. Esta es una película protagonizada por un hombre que, sin conocer a otro hombre, lo ama. Armand se rodea de los intensos sentimientos que produjo la particular personalidad del pintor y no puede despegarse de la agobiante empatía. La técnica de animación se suma a esta admiración empática. Es, en parte, la manera en la que los creadores manifiestan su afecto.

La desesperada necesidad de hacer justicia por el dolor de Vincent torna una pseudo historia de vida en un thriller. La película polaca toma como premisa el libro “En la oreja de Van Gogh: Paul Gauguin y el pacto de silencio”, una investigación de más de diez años llevada a cabo por los académicos alemanes Hans Kaufmann y Rita Wildegans. El texto publicado en 2009 sostiene que la demencia de Vincent se originó tras encubrir un ataque de su amigo y colega, que resultó en la pérdida de su oreja. Además, explica que el intento de suicidio del artista holandés fue, en realidad, un disparo de René Secretán (Marcin Sosinski), un joven de Auvers.

Loving Vincent no presenta elementos de género policial o drama, únicamente arrastra la necesidad de descifrar la razón por la que el mundo perdió a un alma de tal talento y sensibilidad. La angustia corre por las venas que, cada vez más, el espectador comparte con Armand, un personaje cuyo logro es ser molde de quienes están del otro lado de la pantalla.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s