“No hay ideas sino en las cosas”

Por Tomás Onorato

“No hay conflicto en este film, es un relato muy tierno sobre lo que pasa entre dos personas que eligieron vivir como ellos querían. Pero, también, es la historia de un poeta que, además, es de clase baja trabajadora. Una persona que deja que las imágenes que lo rodean lo penetren”, explicó el consagrado director Jim Jarmush, en la 69° edición del Festival de Cannes (2016), sobre su último trabajo: “Paterson”. Nominado a la Palma de Oro, el director de “Coffee and Cigarettes” cuenta la vida de un conductor de autobús, encarnado por Adam Driver, en su rutina semanal.   

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La película se basa en el libro de poemas de William Carlos Williams publicado en 1946, de profunda presencia en la pantalla. El escritor mantenía una filosofía: “No hay ideas sino en las cosas”. Su estilo sacaba a relucir la belleza que nos rodea a través de los objetos. El poemario, al igual que el film, se llama Paterson, ciudad donde Williams trabajaba como médico de día y escribía de noche.

El personaje de Adam Driver se llama Paterson… y vive en Paterson… y leyó hasta el cansancio Paterson. La obra escrita por Jarmush parece tener como objetivo darle vida al poemario del escritor norteamericano. Sin ir más lejos, el lugar favorito del personaje principal son las cascadas bajo el puente de la ciudad, postal que aparece en la tapa del libro.

En el prólogo de su libro, Williams explica: “El objetivo era utilizar las múltiples facetas que la ciudad presentaba como representaciones de facetas comparables a los pensamientos contemporáneos, para así, poder retratar al hombre tal como lo conocemos, odiamos y amamos. Esto es, a mi opinión, la razón de un poema: hablar en un lenguaje que todos entendamos”. Lo mismo podría atribuírsele a la narrativa del film de Jarmush. El relato comienza el lunes en la mañana de una semana común de Paterson (el personaje) y avanza con la misma rutina todos los días hasta el fin de semana. En su vida cotidiana, el personaje de Driver es bombardeado con pequeños destellos, como la aparición de varios pares de gemelos (recurso quizás demasiado fantástico pero igual de bello) o las charlas de los pasajeros de su autobús.

Entonces, interfiere el dignísimo trabajo de Adam Driver, conocido por ser el heredero de Darth Vader en la nueva trilogía de “Star Wars”. En la joven y prometedora carrera del actor, además de portar un sable láser, destaca su trabajo secundario en “Lincoln” (2012), de Steven Spielberg; “Inside Llewyn Davis”, de los hermanos Coen; “While We’re Young”, escrita y dirigida por Noah Baumbach; y “Silence”, de Martin Scorsese. Apadrinado por grandes realizadores, Driver ha sabido elegir su ruta en la industria. Más de una vez, logró construir personajes profundos y llamativos, como al que dio vida en “Paterson”.

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Jim Jarmush se suma a la lista de los directores que apostaron por el actor de 34 años, quien recompensa su confianza en una interpretación más que interesante. El protagonista logra consumar un personaje que funciona como un espejo para el espectador. Pero que, al mismo tiempo, incuba la belleza que lo rodea con una sensibilidad muy genuina. Driver le da aún más brillo a las “ideas en las cosas”, de las que hablaba Williams. Consigue generar risas, pero de las que salen con esos pequeños detalles del día a día; desesperación, incesante, como la que tenemos cuando no vemos el camino; y cariño, del que atesoramos para luego bañar a quienes amamos.

A Paterson se suma Laura, retratada por la actriz irakí Golshifteh Farahani, otra promesa del drama que ya destacó en “Darbareye Elly” (Sobre Elly), del consagrado director Asghar Farhadi. El personaje de Farahani es lo que el de Driver no: una artista intrépida que exterioriza sus deseos y aspiraciones. Ella personifica un hogar para su pareja, mientras irónicamente remodela la casa cada día.

A la narrativa y la interpretación se suma un último eslabón, la dirección de arte, a cargo de Kim Jennings. La directora artística de “El puente de los espías” (2015) y “Viaje a Darjeeling” (2007) mantiene un equilibrio temporal entre los años 50 -el Paterson de Williams- y la actualidad -el de Jarmush-. Sobre las nostálgicas locaciones de fábricas abandonadas, calles de pueblo y las sublimes cascadas, hay un correcto trabajo de fotografía. Las tomas en el autobús, entre reflejos del parabrisas, consiguen invitar al espectador a la mente del protagonista.

Jim Jarmush, una vez más, cuenta una historia llena de sentimientos sin necesidad de el más mínimo recurso clásico. La premisa de sus películas icónicas acuerdan con la teoría de William Carlos Williams. “Paterson” es una oda a cada persona, a cada vida. O, quizás, una oda a un poemario sobre cada persona, sobre cada vida.   

 

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