Un amor que se impregna en el alma del espectador

Por Evelyn Cantore

Entre recuerdos que tiñen de nostalgia la sala, una madre y esposa (Marilú Marini) abre las puertas de su casa para relatar su historia. Como tantas mujeres de su época, siempre avocada a las tareas del hogar, al cuidado de su esposo y de su hijo, dulce y paciente; tan sumisa como ausente. Sí, ausente, porque, como si viviera en piloto automático, mientras repite día a día su rutina, se va a volar con su mente.

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La añoranza de un tiempo que fue feliz la transporta en un viaje en el que invita al público a escuchar con atención cada anécdota, a palpar una realidad tan parecida a la de miles de familias. Lágrimas y risas confluyen en esta obra, un hijo que se va durante tres años y vuelve para presentar a su pareja, un padre que no acepta su elección. Una madre que da todo por su hogar y por el gran amor de su vida: aquel hijo.

Dirigida por Alejandro Tantanian y escrita por Santiago Loza, Todas las canciones de amor, es el fiel reflejo de la vida de muchas mujeres, madres, tías y abuelas que soportan hasta lo más denigrante por conservar la “armonía” del hogar.

Marilú Marini encarna a una mujer fuerte, que se inventa motivos para seguir adelante, que de lo más pequeño e insignificante construye un mundo de eterna alegría. Con carácter y entereza, sin maldad ni extrema tristeza. La ternura que irradia Ignacio Monna al representar el papel de su hijo completa la escena llena de amor.

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Para recrear los interiores de un hogar cálido, bajo la luz de cinco lámparas diferentes, se ubica una mesa con sillas alrededor, al costado izquierdo un mueble con un par de portarretratos que contienen típicas fotos familiares que dan la sensación de cercanía con la vida real.  El motivo del empapelado de las paredes es el mismo al del vestido de aquella madre apasionada, como si al estar tan inmersa en las vivencias que tuvieron lugar en aquella casa, se hubiera mimetizado a un nivel exagerado.

Pero la obra no tendría sentido sin las maravillosas melodías ejecutadas en el piano por Diego Penelas, que, además, realiza los efectos de sonido de cada momento escénico, junto a las magistrales voces de Marilú Marini e Ignacio Monna. Esas canciones memorables cobran vida interpretadas por ambos actores, “Un beso y una flor” de Nino Bravo, “Te quiero” de José Luis Perales, “Zamba para olvidarte” de Mercedes Sosa, y “Qué suerte” de Violeta Rivas.

En la sala Pablo Neruda del Paseo la Plaza un sinfín de emociones esperan a todo aquel que se atreva a reírse de los clichés clásicos, a sentir como propios esos altibajos de la vida, a despertar un cariño por aquella mujer que pisa fuerte en el escenario, y transmite el amor más puro y sincero. A ver en ella a tantas mujeres. Para los nostálgicos que no reniegan de su pasado, para los que aman la vida con cada una de sus distintas aristas.

  • Diseño de Escenografía y Vestuario: Oria Puppo
  • Dirección Musical y Arreglos: Diego Penelas
  • Diseño de Iluminación: Alejandro Tantanian, Oria Puppo y Omar Possemato
  • Asistentes de Escenografía y Vestuario: Martina Nosetto y María Belén Buda
  • Productor Ejecutivo: Diego Pando
  • Director de Producción: Ariel Stoiler
  • Productor General: Pablo Kompel

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