Una nueva forma de violencia

Por Tomás Onorato

La producción cinematográfica oriental, en especial el animé, está colmada de films de acción. La venganza, la traición y los elementos cortantes son el relleno común de cualquier relato. A esta pluralidad se le suma la fácil comercialización que genera la sangre en occidente. Sin embargo, todavía fue posible para el director surcoreano Jung Byung-gil innovar en el tan desgastado género con su particular narrativa. La Villana (“Ak-Nyeo”, en su idioma original) es el resumen de su capacidad.

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La producción integrante de la “Selección oficial fuera de competencia” del festival de Cannes estará presente en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata del 21 al 26 de noviembre en la sección “Corea: País invitado de Honor”.

El director de “Confesiones de un Asesinato” renueva la forma de mostrar peleas, tiroteos o tensión. Para ello, exhibe movimientos de cámara inimaginables, montajes llamativos y coreografías extravagantes. Su principal valor agregado captura al espectador en cuanto terminan los títulos: un pasillo vacío ocupa la pantalla; de repente, dos pistolas asoman delante de la cámara para masacrar a todo el que se oponga, emulando la visión de la protagonista. A las tomas en primera persona, se suman ráfagas de información, profundizando la empatía con la hazaña del personaje. Conforme pasan las dos horas de violencia, Jung Byung-gil recurre a creativos pero realistas elementos, que alimentan el combate. No teme en incluir explosiones, motocicletas o acrobacias; las ordena como siguiendo el ritmo del Heavy Metal.

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“Me atrae la idea de hacer algo nuevo, que no se haya visto antes. Soy un fanático del fútbol y la idea que tenía en esta ocasión era mover la cámara como si fuese una pelota en un partido. ¿Cómo vería el espectador la acción? Quería esa clase de movimiento espontáneo, brusco y vital. En cuanto a aspectos como la fotografía y puesta en escena, me dejé llevar más por influencias pictóricas”, explicó el director al medio español El Periódico.

La Villana es hija de dos películas de venganza: “La Femme Nikita”, del consagrado realizador Luc Besson, y “OldBoy”, obra maestra de acción surcoreana. A la hora de contar la acción, mantiene una narrativa dinámica muy original, como su film paisano, pero le agrega rasgos del personaje interpretado por Anne Parillaud.

Sin embargo, la innovadora obra de Jung Byung-gil no deja de cometer los pecados de las películas de acción. Su fotografía particular, y hasta bella, es lo único que logra mantener a flote el argumento pobre. Los personajes no poseen valores más que los de combate, mucho menos un trasfondo. Además, se le agrega una interpretación simplona -triste, enojada, muy enojada- de la vengadora principal Ok-bin Kim y de sus compañeros de elenco.

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La historia adopta un carácter fantástico por la forma en que es relatada. Claramente al director no le interesa mostrar sentimientos complejos, pero la realidad es que, luego de estar al filo de la muerte, Sook-hee (Ok-bin Kim) no cambió su situación, valores o creencias. El arco argumental es nulo. La película solo frena la matanza por unos 20 minutos, cuando se tornará cuasi romántica. Entonces, Jung Byung-gil demostrará que puede utilizar su técnica para otro género totalmente distinto, hasta que vuelva a su zona de confort: los rifles y espadas.

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