Cuando la ficción coquetea con la realidad

Por Ignacio Dunand

Frente a la escasez de títulos originales en las marquesinas de la Avenida Corrientes, hay fenómenos teatrales como el caso de Los monstruos que no tardaron en consolidarse como uno de los cañones más importantes elegidos por el público. ¿Existen los monstruos?, ¿acaso son producto de nuestra imaginación? Esta apuesta musical busca hurgar en lo más recóndito de nuestra esencia y, aunque a veces dolorosa como una cachetada, nos invita a explorar al monstruo interior que habita en nuestras zonas más oscuras.

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Dos historias paralelas, pero con un nexo en común que funciona como gancho para la conjunción de los personajes: el colegio de los chicos. Sandra (Natalia Cociuffo) y Claudio (Mariano Chiesa) no pueden lidiar con sus hijos. La comunicación falla y la desesperación ante el fracaso como padres los hace transitar por un arco de emociones que van desde la felicidad para tratar de empatizar con sus purretes, hasta la ira y las ganas de tirar todo por la borda. Sí, las relaciones entre padres e hijos son una fija en la puesta en escena de Emilio Dionisi. Y que estas escenas de padres frustrados sean representadas en formato de musical hace que las partes más duras (sobre el final llega el climax desastroso) sean edulcoradas con un poco de música, guiños hacia el público y actuaciones a pulmón, para aplaudir de pie.

Los monstruos se gestó durante la Bienal de Arte Joven 2015 y no paró hasta cosechar elogios. La pieza está hecha para jugar con la incomodidad. Asume el drama familiar abordado desde la mirada de los padres y, en este caso, la dimensión simbólica de los personajes se potencia porque construyen, y sobre todo desfiguran (de manera espectacular), la imagen de sus propios hijos.

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Sandra y Claudio no se conocen. Entrecruzan vagas palabras en un cumpleaños. A los dos los unen los pensamientos internos: saben que sus hijos son especiales, que les cuesta integrarse en el colegio y que a veces pueden ser retraídos o, incluso, un poco violentos. Eso los une y, aunque comparten pocas escenas juntos, los ayuda a reconfortarse el uno al otro. Hay química entre ambos, se percibe y se agradece. El trabajo actoral de Chiesa y Cociuffo es sublime y los acompañamientos musicales aportan la dosis de frescura necesaria.

La sala del Teatro Picadero se torna lúgubre con la llegada de Los monstruos a escena. Su pequeña y no por eso menos bella escenografía, y una luz blanca que ilumina el centro del escenario cumplen con lo que prometen: generar intimidad cómplice. Sobre el final, las cosas se tornan intensas y siniestras cuando caemos en la cuenta de que padres e hijos son víctimas. No obstante, una vez fuera de la sala y lejos de esta retorcida tragedia, la preguntas que surgen son: ¿acaso los monstruos son producto de la imaginación o somos nosotros? La respuesta sorprenderá a más de uno.

  • Los monstruos. Escrita y dirigida por Emilio Dionisi. Con Mariano Chiesa y Natalia Cociuffo. En el Teatro Picadero (Enrique Santos Discépolo 1857) los martes a las 20.30hs.

 

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