El sainete criollo y la inspiración de sus autores

Por Evelyn Cantore

Hacia fines del siglo XIX hasta principios del siglo XX, tuvo lugar en Argentina una ola de inmigración que escapaba de la guerra, en su mayoría, italianos, españoles y judíos. Entre otras expresiones artísticas como el filete porteño y el tango, en el ámbito teatral surgió el sainete.

En sus comienzos, el sainete era un acto intermedio en una obra teatral pero, al fusionarse con el circo, resultó en un estilo en sí mismo: el sainete criollo. Esta nueva corriente teatral se caracterizaba por representar la vida en los conventillos con un toque tragicómico.

conventillo

Los Conventillos eran antiguas mansiones abandonadas, que habían sido construidas para  familias de clase alta, tenían varias habitaciones y un solo baño. “Esto volvía al conventillo un espacio hacinado en donde las condiciones higiénicas eran pésimas y por ende los riesgos de enfermedades eran altos, sin contar que el mantenimiento edilicio era deficiente”, explica el sociólogo Patricio Ávalos.

Ada Briasco nació en 1934 en La Boca, pasó por seis conventillos durante toda su infancia, el primero quedaba en la calle Olavarría, tal cual dice el tango El Conventillo de Edmundo Rivero: “Yo nací en un conventillo de la calle Olavarría”, manifiesta. Su historia refleja el clima de época y las vivencias en las que se basaban los autores de sainetes. En aquellas viviendas había un patio enorme que reunía a los vecinos, “los chicos pasábamos mucho tiempo jugando ahí”, cuenta Briasco. Además, comenta quelas vecinas lavaban la ropa en los piletones y “competían por ver quién la dejaba más blanca”.

Por su parte, Ávalos comenta: “La convivencia en los conventillos puede leerse como la de un crisol de razas compartiendo experiencias e intercambios sociales en un marco de pauperización y hacinamiento”.

A pesar de los conflictos que podían darse entre vecinos, ya sea por las diferencias de idioma, porque “una vecina quería ‘robarle el novio’ a otra”, o por el hecho de que entrara gente nueva y no alcanzaran las habitaciones, Briasco asegura que “siempre había cordialidad”. Y agrega: “A fin de año, se armaba una mesa grande en el patio y nos juntábamos todos a festejar, tanto grandes como chicos bailábamos, se vivía mucha alegría”.

No obstante, eran tiempos difíciles. “Las principales preocupaciones pasaban por cubrir las necesidades básicas y sostener el pago de la vivienda. Mientras los salarios se mantenían a la baja, el negocio que representaban los conventillos se reflejaba en el aumento de las cuotas de alquiler y la arbitrariedad de los propietarios para dichos ajustes o directamente para desalojar, dado que no se redactaban contratos”, comenta Ávalos.

“Cuando llegaban barcos los hombres se acercaban en búsqueda de trabajo, mi papá llegó a ser encargado, pero cobraba por día. Cuando no venían barcos, había que ahorrar”, cuenta Briasco y además agrega: “Mi mamá cosía, y mi hermano le llevaba la ropa al tendero de la cuadra para venderla”.

Tu cuna fue un conventillo

Escrito por Alberto Vacarezza en 1925, Tu cuna fue un conventillo es un sainete muy entretenido que relata una historia ficticia transcurrida en un conventillo de Villa Crespo de un ex vecino (el Gallo, ahora enriquecido) que quiere organizar una fiesta para recordar los “buenos tiempos”. Maldonado, uno de los compadritos, regresa luego de haber estado en la cárcel. Ambos se disputan a Rosalía, quien dejó el conventillo gracias al Gallo y disfruta de un pasar mejor.Otras historias se entrecruzan con la primera: Rancagua, un compadrito que no trabaja y vive de la milonga y la guitarra, es acosado por su novia, Filomena, quien le recrimina que no la trate bien y que no la mantenga. Por otro lado, el Palomo, inquilino “gallego”, y don Antonio, el italiano que administra el lugar, se disputan a Encarnación, la esposa del primero. Las diferentes situaciones se desarrollan hasta que se resuelven: el Gallo y Maldonado se batirán a duelo, al igual que el Palomo y don Antonio, y Rancagua se dará cuenta de que está a punto de perder a su mujer.

La diversidad cultural en la que confluyen idiomas y jerga propia de cada uno se torna un condimento indispensable para agregarle humor a la obra. En ese encuentro se presenta el elemento tragicómico que Ávalos define como “los pobres haciendo suyos los espacios de los ricos, los espacios majestuosos convertidos en lugares lúgubres. Una expresión cómica de una situación trágica: se busca poseer algo y en el fondo no se posee nada”.

Alberto Vacarezza (1886-1959) Dramaturgo, letrista de tango y poeta argentino, fue el creador y máximo exponente del sainete en Argentina. Amigo y colaborador de Carlos Gardel, quien le grabó trece temas. También fue presidente de la Sociedad General de Autores (Argentores) y de la Casa del Teatro.

Otro temor de los inquilinos era la persecución política. Varios de los recién llegados traían en sus hombros las tradiciones anarquistas, comunistas y sindicalistas, las cuales no fueron abandonadas en la nueva tierra sino que llevaron a reproducir diversas experiencias de lucha especialmente por derechos laborales y de vivienda. Con lo cual era común que la organización surgida en pos de defender derechos fuese acompañada con episodios de represión”, explica Ávalos.

En tanto, Briasco expresa que su mamá solía relatarle lo ocurrido durante la Semana Trágica, que tuvo lugar entre el 7 y el 14 de enero de 1919, en la que se reprimió y asesinó a integrantes del movimiento obrero que se encontraban en huelga, durante el gobierno radical de Hipólito Yrigoyen. “Los vecinos se enfrentaban a tiros por sus diferencias en cuanto a la política, esas noches tenían que dormir con los colchones puestos contra las paredes que daban a la calle, las balas quedaban incrustadas ahí”, cuenta.

En algunos conventillos había habitaciones construidas hacia arriba, pero en otros no. Por ende, cuando se producían inundaciones era necesario abandonar el lugar para ir a sitios de mayor altura. “Una vez nos tocó una inundación bastante importante, tuvimos que salir en balsa y mi papá se quedó sentado arriba de la mesa por si alguien entraba a robar. Todos se ayudaban”, comenta Briasco.

A sus 83, recuerda con cierto brillo en los ojos aquellos años de los que supo extrañar los juegos en el patio, cuando tuvo que mudarse a Barracas para vivir ya en un departamento. Entona tangos, con la nostalgia característica de este tipo de composiciones y expresa: “Estoy muy agradecida de haber nacido ahí, a pesar de todas las dificultades que se afrontaban, fue una niñez muy sana, una linda época. Nunca nos faltó el almuerzo ni la cena”. Y agrega que, para ella, el hecho de tener lo justo y necesario jamás significó un problema, incluso manifiesta que “a veces es más lindo poder desear, porque cuando se tiene todo, se pierde el deseo”.

 

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