“Los putativos”: sobredosis de enredos y caos

Por Ignacio Dunand

Un hotel y trece personajes con muchos problemas son el sostén de Los putativos, la nueva comedia de Cristián Quiroga (director de 5Gays.com) que le suma una pizca de frescura a la temporada veraniega de la cartelera teatral porteña. Una combinación de bromas exageradas, doble sentido y humor grotesco que, en su conjunto, arranca algunas sonrisas y garantiza diversión (sin pensar demasiado), es lo que se puede esperar de esta nueva comedia ligera que inaugura el año del Teatro Buenos Aires (Rodríguez Peña 411).

LOS PUTATIVOS 1
La foto gentileza de Prensa Monserrat

“El Gran Hotel la Libélula Encantada” abre sus puertas para presentar a Juan (Juan Manuel Gili), heredero de una parte de este, un apostador compulsivo que perdió por el juego a su esposa (Tatiana Schereiner). En su desesperación por enmendar los errores cometidos, recurre a su amigo Hugo (Pablo Carrasco) para que lo ayude a salvar su penoso estado. Bueno, esto es solo el inicio.

A esta trama absurda hay que sumarle: un conserje homofóbico (Mario Narciso), un botones irritante (Santiago Mallarino), una mucama con malos modales (Anahí Benthencourt) , un mafioso (Cristian Suaid) que viene por la esposa de Juan, la dueña del hotel (Catalina Contartese), un abogado (Matías Luján), una pareja de recién casados (Daniel Jesús y Julieta Granja), una suegra protectora (Eve Laiz) y una prostituta (Joana Martín). Este popurrí de personajes absurdos va y vienen por el hall de “la Libélula Encantada”, sumando locura y exageración al conflicto central.

La escenografía es escasa, por lo que el peso recae en las actuaciones (desparejas) de este numeroso elenco. Quién más se luce en la puesta en escena es Julieta Granja, interpretando a una esposa “demasiado inocente” (al punto que el espectador pensará que sufre algún retraso madurativo) que protagoniza algunas de las escenas más humorísticas. El resto del elenco acompaña la historia para que no descarrile.

La realización es mérito de Cristián Quiroga, quien tuvo el difícil trabajo de coordinar trece actores del circuito alternativo, para contar estas situaciones disparatadas. La obra está plagada de gags y la sensación al abandonar la sala es grata. Los putativos no es provocadora ni transgresora. Opta por no abandonar esquemas ya probados de la comedia de enredos y en este sentido funciona.

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