Nada es tan fácil como parece

Por Brenda Schultz y Christian Rodriguez

Las pantallas son cada vez de tamaño más reducido y los requisitos cada vez menos. Ya no hace falta “pegarla” en la televisión o ser el humorista que más le gusta a los productores. Sin embargo, las exigencias nunca cesan. Ahora, hay que cautivar a los followers.

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Radagast, Angie y Darío (izq. a der.). Celebridades de Instagram.

Los usuarios más populares en Instagram, o influencers, no siempre apuntaron al reconocimiento a través de las redes. Pero, con el crecimiento de sus seguidores, se dieron cuenta de que habían encontrado lo que no sabían que, en realidad, buscaban. “Mi objetivo no era conseguir popularidad, tenía un usuario común y corriente. Cuando arranqué a generar contenido que hacía reír, empezó a gustar”, cuenta Agustín Aristarán, mejor conocido como Radagast.

Con más de 600 mil seguidores, el comediante logró su propio show en el Teatro Metropolitan Sura, donde se presenta todos los viernes a la noche desde enero. “Con el aumento de la popularidad de la cuenta y el reconocimiento de la gente en la calle, descubrí que Instragram, Facebook o Twitter servían y ampliaban mi público”, enuncia.

Un caso similar es el de Angie Sammartino, comunicadora con más de 95 mil fans en las redes sociales, quien consiguió publicar un libro gracias a la cantidad de likes. “El año pasado empecé a sumar lectores en Instagram y terminé sacando a la venta El arte de negar”, expresa. Y, con respecto a su objetivo, añade: “El punto no era obtener popularidad, al menos en mi caso, sino dar a conocer lo que hago para poder vivir de eso”.

El actor Darío Orsi, seguido por más de 550 mil personas, tampoco había visto en esto una oportunidad. “Al principio era un lugar de difusión. Me di cuenta de que era importante cuando la repercusión empezó a crecer”, indica. En este sentido, dice que ser reconocido le cambió la vida: “Ahora si viajo me saludan en todos los lugares a donde voy, y cada vez más gente viene a mis shows”, señala.

No obstante, no siempre es todo color de rosas. “Las redes sociales son una herramienta muy poderosa, para bien o para mal. Pienso muchos antes de subir un video. Soy consciente de que cuánta más gente haya mirándome, más responsabilidad voy a tener”, manifiesta Sammartino. Por su parte, Orsi aclara: “Yo no sabía la proyección que tendrían mis videos, comenzó a crecer un montón y se me fue de las manos”. Además, con el título de influencer aparece la presión: “Es una palabra muy grande, implica mucho. Somos gente que hace contenido para divertir, ser influenciador me parece demasiado”, opina Radagast.

Por otro lado, existe el factor “dejar de gustar”, que atormenta a muchos. La solución que encuentran es no dejar de ser genuinos y llegar, de esa manera, al público. “Lo importante es tratar de conectar con la gente”, dice Sammartino. De acuerdo con esto, Orsi afirma que la clave es ser auténtico y buscar su propia forma de humor, sin imitar a nadie: “Lo principal es la originalidad y ser uno mismo, además de la perseverancia”, asegura. A lo que Radagast suma: “Lo que siempre va a interesar es que sea orgánico con las cosas que me pasan a mi”.

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