Los olvidados: una película olvidable

Por Ignacio Dunand

En 1974 Tobe Hooper pasaría a la historia del cine de terror con The Texas Chain Saw Massacre, la prueba de que se puede asustar con poco presupuesto. El loco de la motosierra no tardó en convertirse en un ícono pop para los amantes del género y sentó las bases de una industria en crecimiento. Exponentes como Eli Roth (la saga Saw) se nutrieron de la esencia del maestro Hooper para redefinir el subgénero slasher, una combinación de gritos y hemoglobina para todos los gustos. Los olvidados, dirigida por los hermanos Onetti, busca repetir en las salas argentinas el éxito comercial que tuvo en el exterior. Lamentablemente el filme aburre, es predecible y está lejos de ser un homenaje. Es un refrito que deja con ganas de mucho más.

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Las ruinas de Epecuén son la locación elegida, un punto a favor para Luciano y Nicolás Onetti. Hasta ahí, todo bien. Es en el guión donde empiezan los desaciertos. La idea, trillada, arranca con seis protagonistas (tres hombres y tres mujeres) que viajan a Epecuén, pueblo inundado completamente en el año 1985, para filmar un documental. Como no se trata de una comedia sino de un filme de terror, las cosas se complican cuando quedan varados en el territorio desolado, a merced de una familia de caníbales psicópatas. La película se esfuerza tanto en mostrar torturas y descuartizados que se olvida de lo más importante: una historia bien contada.

Nacho (Victorio Dalessandro) es el canchero que lidera al grupo, su función principal es seducir a la chica y mostrar los pectorales en pantalla grande. Lo acompaña un equipo de personajes bastante cliché: el chico tímido que adquiere protagonismo al final, la chica que ya estuvo en el lugar de los hechos, un hombre misterioso y algunos jóvenes irritantes que claman a gritos: “¡A mí me matan en esta película!”. No hay giros sorprendentes. Desde el minuto uno, un amante del género descubre uno a uno los ribetes que hay en Los olvidados.

Figuras como Gustavo Garzón y Agustín Pardella están desaprovechadas y es una pena, porque talento no les falta. Las únicas perfomances aterradoras son las de Chucho Fernández y Mirta Busnelli, los sádicos que atormentan al grupo: dos pulgares arriba. Por otra parte, la dirección artística y la fotografía sí son dos aciertos valorables, pues generan el efecto envolvente que la conjunción pobre de sonidos y música no logra (pese a ser una de las claves para generar miedo).

En síntesis, Los olvidados es una película ambiciosa y poco original. Los hermanos Onetti no salieron de lo estrictamente comercial asegurándose una audiencia que gusta de este tipo de películas. Desde ese ángulo es probable que sea un éxito, a pesar de tantas fallas. Hay sangre, sexo y mutilaciones, pero no hay un espíritu propio que la diferencie del resto. Vende más el tráiler.

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