Casa Valentina: ¿gay o no gay?

Por Ignacio Dunand

Casa Valentina regresó al Teatro Picadilly por tercer año consecutivo, después de una gira exitosa a lo largo del país. Este fenómeno teatral se coronó como una de las obras más vistas y recomendadas por los espectadores. La adaptación de José María Muscari se renueva dando la bienvenida a Aldo Pastur y a Rodrigo Noya, como las nuevas  “chicas” que se suman a la colorida puesta en escena, para abordar temáticas como el crossdressing y la homofobia durante la década de los ’50.

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Renzo (Mario Pasik) y Rita (Cristina Albero) abren las puertas de su hogar para oficiar de anfitriones en un fin de semana diferente. Diferente, porque a Renzo le gusta vestirse de mujer y transformarse en Valentina para recibir a seis huéspedes que comparten el mismo gusto: Gloria (Diego Ramos), Georgina (Fabián Vena), Gogó (Roly Serrano), Marga (Aldo Pastur), Miranda (Rodrigo Noya) y Pupé (Boy Olmi). Estos hombres, que en su cotidianidad tienen una vida normal, se reúnen para cumplir sus fantasías ocultas. “Valentina es la reina de la fiesta. Le encanta ser el centro y acaparar toda la atención de sus amigas”, menciona Mario Pasik acerca de su personaje.

Casa Valentina arranca como una comedia grotesca y muta a un drama con tintes políticos, para culminar en la tragedia. En este sentido, es un texto fuerte sostenido por actuaciones que están a la altura de lo que se busca transmitir. En un contexto de persecución y homofobia, estos hombres cross encuentran un espacio donde no los señalan con el dedo ya que en el mundo real todos tienen oficios respetables: hay banqueros, jueces y militares. Todos tienen mucho para perder y producto de una sociedad intolerante recurren a reprimir sus deseos.

La puesta de Muscari difiere del material original de Harvey Fierstein (La Jaula de las Locas) pero la esencia es la misma. Mientras que Fierstein opta por vestidos de época y el tono de la obra es exclusivamente político, Muscari recurre al género que maneja a la perfección, la comedia grotesca. Looks extravagantes, tacos altos y música moderna son los recursos que se adhieren al texto original. Casa Valentina es una historia real. Eso mismo es lo que le llama la atención al espectador y lo hace pensar. Si con la obra podemos generar un click en el cambio de consciencia de la mitad de los que nos vienen a ver, ya cumplimos”, asegura Mario Pasik.

Estos hombres que se diferencian de los homosexuales e, incluso, aborrecen sus prácticas son el centro de atención durante casi dos horas y serán el motivo de debate post función. Roly Serrano protagoniza los momentos más graciosos, Fabián Vena le otorga una chispa de suspenso a la historia desatando conflictos en el grupo y Aldo Pastur protagoniza uno de las escenas más memorables. Su personaje, la veterana Marga, recita un parlamento sobre la discriminación a las minorías que emociona. Por otra parte, la participación de Cristina Albero en la historia es de vital importancia. Ella es el sostén de la casa y trata de entender a su marido y acompañarlo en su fetiche. Su Rita es el personaje que más evoluciona y Albero lo construye con una ternura creíble y genuina.

Casa Valentina es un llamado a la tolerancia. Es tan contemporánea que eso la vuelve valiosa para los tiempos que corren. Y con un argumento tan atractivo tiene todas las chances de permanecer varias temporadas más en cartelera.

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