En nombre del amor

Por Evelyn Cantore

La semilla está basada en una historia real publicada en una nota periodística, en 2010. Un relato enturbiado por las miserias humanas, tan verídico como estremecedor y emocionante.000162340

Olinda (Jimena Coppolino) lleva en el vientre a Olinka: ese es el disparador del impulso que la conducirá a conocer el pasado para poder recostruir su historia. Necesita acercarse a sus raíces para lograr que su identidad esté completa, para comprender de dónde viene y así tener alguna idea de ¿hacia dónde va?, o más bien, hacia dónde, definitivamente, no irá.

El deseo de forjarle un mundo mejor a su futura hija la empujará a huir de la comodidad, y a regresar a su país. Cuando camina desnuda por la ruta donde, para su fortuna, se encuentra con la doctora Ríos (Liliana Weimer). Esa mujer, algo mayor pero fuerte y con determinación, la acompaña en su búsqueda, tan difícil como anhelada.

Las imágenes en su cabeza son escasas y confusas, cartas con distintos remitentes y un enigma que resuena cada vez más fuerte. Muy pronto se reencuentra con Lala (Liliana Weimer), su abuela, que a la vez es su madre y hacia Roi (Emanuel Parga), su padre, que es nieto de Lala.
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Los secretos familiares ven la luz, queda al descubierto el egoísmo que, en nombre del amor, causó tantos estragos. Para Olinda es una nueva oportunidad: en sus manos, está la posibilidad de cambiar la dirección de su vida, de rescatar algo de todo aquello sucedido en el pasado, de comprender y perdonar, de volver a empezar.

Dirigida por Cristian Drut y con la dramaturgia de Edgar Chías, La semilla revoluciona las mentes del público, que se encuentra en el dilema que provocan las distintas voces de la historia.

El elenco está integrado por Jimena Coppolino, Liliana Weimer, Carolina Tejeda y Emanuel Parga. No en vano la elección de los artistas, dado que encarnan más de un personaje de un instante a otro, también ejecutan la musicalización. y a su vez, pasan por el rol de narradores. Cada uno logra generar empatía en los espectadores; transmiten angustia y dolor, como también esperanza y sanación. No obstante, también despiertan risas, porque cuando lo trágico resulta hasta ridículo, la risa es inevitable. Y lo tragicómico es parte de la vida cotidiana.

Una mesa larga llena de fotos y recortes de notas, un par de sillas, reproductores de cassette y cortinas transparentes conforman la escenografía, que es modificada de forma constante por los actores.
 

 

La Semilla obtuvo el premio ARTEI 2017 a la Producción de Teatro Independiente y fue elegida para formar parte de la Fiesta de Teatro CABA 2018.
 

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