Un ciclón de erostimo, sangre y libertad

Por Tomás Onorato

La opresión de una joven, encartonada entre páramos nórdicos de la Inglaterra del siglo XIX, estalla en un ciclón de erotismo, sangre y libertad. William Oldroyd estrena su primer largometraje, Lady Macbeth, basado en la ópera rusa Lady Macbeth de Mtsensk. La esencia salvaje de la obra de Dmitri Shostakóvich vacila por los pasillos entre los diálogos teatrales, solo opacados por la luz que se filtra por la ventana.

unnamed (2).jpg

En esta adaptación, llevada a cabo por la actriz y escritora Alice Birch, la muy joven Katherine se ve obligada a casarse con Alexander, un terrateniente de peligrosos problemas afectivos. Su esposo la confina a las obligaciones de la época, como recluirse a los muros de su mansión. Sin embargo, ante su ausencia, nuestra protagonista se reencontrará con la libertad, adornada de comodidades burguesas, y no dudará en defenderla de cualquiera que pretenda arrebatársela una vez más.

La ópera prima de Oldroyd consagra su poder emocionante con sus actuaciones. Florence Pugh, joven galardonada por su trabajo como Katherine, es el rostro de una niña perdida, de una adolescente liberada y de una amante que esconde la muerte en su mirada. Por otro lado, sus coprotagonista Cosmo Jarvis (Sebastian) y Naomi Ackie (Anna) encarnan los arcos más movilizadores, mientras sus espíritus deambulan por un sombrío bosque de dolor.

A pesar de que sus raíces teatrales se sienten a través del lente, Lady Macbeth, también brilla por sus valores agregados fílmicos: la fusión entre locaciones avasallantes, vestuarios llamativos pero acordes y una dirección de cámara que es consciente de ambos.

Como es común en películas de época, las escenas solo utilizaron iluminación natural. Una forma de teñir de realismo la acción, pero también la inacción. Los rincones de la casa excelentemente ambientada son el marco del sufrimiento claustrofóbico, y las irregulares tierras verdes y amarillas, el escenario de su fin. Todo esto es interrumpido por el vestido azul de Katherine, cuyo objetivo es destruir este mundo iluminado por un sol cobarde, escondido entre las nubes. Además, acorde con su fórmula realista, el film casi no cuenta con música.

Éste es un estreno que se ve atravesado por el contexto actual de Argentina. Ya en la Rusia stalinista, la prensa operó en contra de su entonces rival Shostakóvich. En esa ocasión, por la empatía que generaba la violenta Katerina (Katherine) y su odio por sus “dueños” burgueses. Hoy, una vez más, se torna difícil no sufrir la opresión de la protagonista, a pesar de verla trasvasar la integridad humana a niveles impresionantes. La versión de Oldroyd se ve repleta de dolor, no solo de la joven, sino también de su criada, que funciona como receptor en vida de la rebelión de su patrona.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s