La omisión: hace frío y estoy lejos de casa

Por Ignacio Dunand

Finalmente pisó tierra porteña la ópera prima de Sebastián Schjaer y desde este jueves podrá apreciarse en algunas salas especiales. La omisión es inquietud donde hay calma, interrogantes que acrecientan la duda y un rompecabezas listo para armar. Una película magnética y desafiante para agudizar los sentidos. Entre tanta oferta predecible, un título desconcertante.

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El filme se centra en la historia de Paula (Sofía Brito), una joven madre que se ha instalado en Ushuaia para aprovechar los buenos ingresos y la variedad de empleos en época turística. Trabaja en la limpieza de un hotel y consigue también un puesto como guía turística. Sin embargo, la plata todavía no es suficiente para un objetivo superior que parece ser el de viajar y radicarse en Canadá. Para sumar más complicaciones, Diego (Pablo Sigal) quien es su pareja y el padre de la hija de ambos vive en la ciudad de Río Grande, y la pequeña está al cuidado de una tía. Paula está encerrada en un círculo vicioso y claustrofóbico producto del escenario frío y lejos de la urbanidad en el que se encuentra. Y eso hace de La omisión una película angustiante pero sorprendentemente adictiva.

Lo interesante en la ópera prima de Schjaer es lo impredecible, que juega un rol clave para el funcionamiento de la trama, ya que no hay respuestas cantadas y es el espectador quien tiene que atar cabos atentamente. Paula es el centro y todo gira en torno a ella: meterse en las más recónditas zonas de su mente es imprescindible para conectar con la historia. Y en ese sentido, funciona de manera muy aceitada. Un punto a favor para Sofía Brito y una composición para el recuerdo, llena de matices y carácter.

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La omisión es visualmente bella. El trabajo meticuloso en escenarios, ayuda a aclimatar a la cinta, dotándola de realidad. No todas las películas con nieve son alegres y nos remiten a un cuento navideño, y en este caso el frío y las duras condiciones climáticas enriquecen el sentido estético de hostilidad y encierro. Ushuaia (una isla alejada del urbanismo sofocante) resultó la locación ideal para reforzar uno de los puntos clave: la imposibilidad de escapar de ahí.

Sebastián Schjaer creó una obra bien hecha y que en ningún momento se siente forzada. La omisión es un viaje introspectivo por la historia de Paula, su protagonista, y lo singular que puede parecer este adelanto, surca por caminos inesperados durante todo su recorrido. Al final, habrá algunos que salgan fascinados con el experimento que acabaron de presenciar, y otros que no. Sobre estos últimos, La omisión también habrá surtido efecto ya que, aún difícil de encasillar, lo inquietante de su atmósfera la vuelve inolvidable y un tema obligatorio de debates y reflexión.

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