Revisionismo Histriónico

Por Martín Raschinsky

Si ha de haber una palabra para describir a la última obra de Raúl Serrano es desorden. Un Hombre Civilizado y Bárbaro, la nueva presentación del reconocido director, invita a las y los espectadores a una puesta en escena anárquica: libros por doquier, un mobiliario de época con un notado paso del tiempo, y en el medio, un sillón que hace las veces de asiento pensador, camilla de hospital (psiquiátrico, tal vez) y ataúd.

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Sentado, se encuentra a un anciano delirante que no puede distinguir entre la vida y la muerte. Que a lo largo de la obra vaga sobre un pasado de gloria. Pasado que sobre los minutos finales de su vida le es interpelado por sus contemporáneos, o mejor dicho, sus contemporáneas. Pero también por un personaje que encarna la posteridad.

Mario Moscoso encarna la piel de este primer personaje mencionado, Domingo Faustino Sarmiento. A quien Serrano busca humanizar y repensar. Para lo propio utiliza dos vertientes ineludiblemente conectadas: la posteridad o la revisión de la historia, interpretada por Eduardo Pirelli, quien aparece atravesando la cuarta pared; y la contemporaneidad, interpretada por María Belén Robin, quien se pone en los complicados zapatos de las  mujeres más relevantes que compartieron vida junto al prócer. Estas son Benita Martínez Pastoriza, Aurelia Vélez Sársfield, Paula Albarracín. Entre otras cuestiones, su esposa, su amante y su madre respectivamente.

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Una destacable, y por momentos histriónica, actuación de Pirelli complementan a un depresivo Sarmiento quien padece más ataques de pánico en escena de los que uno podría contar. Serrano construye un relato que plantea revisar un poco la historia pero que, a su vez, la para, desnuda, frente al público, para que éste le hable.

Entonces el trabajo del historiador revisionista se transfiere directamente a la audiencia, que desde su asiento de la modesta sala, desde su perspectiva y parecerer, juzga e interpreta la vida de Sarmiento contada por él mismo en un momento de debilidad, y no en un manual de escuela primaria. Pero, además, cuenta la vida del Maestro desde la visión de la mujer. Particularmente, de las mujeres que lo vivieron. O más bien, que lo padecieron.

Quizás de casualidad, el protagonista comienza frágil mas a lo largo de la obra va tomando fortaleza. Se vuelve curioso y, algunas veces, orgulloso. Deja entrever sesgos infantiles por momentos, y autoritarios por otros.

Una obra bien lograda sin duda. Se constituye así como el último eslabón de una trilogía dirigida por Serrano sobre grandes figuras del quehacer histórico y político argentino, iniciado con La revolución es un sueño eterno, de Andrés Rivera sobre Juan José Castelli, y luego por El solitario de la provincia flotante, de su autoría sobre Juan Bautista Alberdi.

La cita se propicia los sábados, a las 21, en el Teatro el ArteFacto, Sarandí 760.

 

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