El primero de Terceros

Por Martín Raschinsky

En el medio de Ramos Mejía se encuentra esta casita extraña: de estilo western y colores pastel, contradice la fría avenida conurbana. Algo desolada a esas horas de la noche y teñida de sepia por la luminaria previa a la moda led que hoy inunda la Ciudad Buenos Aires.

De paredes verde enchapado y puertas y ventanas de madera oscura, Santana Bar acogió la noche del pasado sábado a Noe Terceros, un proyecto solista que mezcla guitarras eléctricas, acústicas, una prolija batería, un bajo, la voz de quien le da nombre a la banda y un set de pedaleras más que interesante que, por momentos, se vuelve protagonista en el escenario musical.

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Comenzó con un tema que marida a la perfección con el inicio de un show: El Ritual, donde un bajo (Emma Ron) y una batería (Martín Pero) aran el terreno inicial de la canción para que Terceros, con su voz potente, de dotes líricos y un vibrato más que marcado, prepare un estribillo hard rock simbolizado en la incorporación penetrante de un riff de guitarra eléctrica. Gastón Peligro, en primera guitarra, introduce la distorsión, luego los solos, pero, sobre todo, aporta una gran cuota de personalidad a la banda, que oscila por momentos entre un rock alternativo y un hard rock claramente influenciado por las hermanas Marilina y Lula Bertoldi, líderes de Connor Questa y Eruca Sativa, respectivamente. Tal es así, que hubo un espacio en la mitad del recital dedicado a interpretar un cover de Connor Questa: Pensar Bien.

La primera parte se vería delimitada en Sólo por hoy, una canción donde Peligro, de claras influencias metaleras, domina la mayor parte del tiempo. De esta manera, introduce al tema en una oscuridad propia del rock, para luego darle paso a una etapa más melancólica donde lidera la voz de Terceros.

Y, por fin, la segunda guitarra (Tomás Calderón), olvidada hasta entonces, entra en escena con El Juego, que ve su inicio con un rasgueo de guitarra acústica y un teclado grabado previamente. Calderón marca así el clima de ese tema y el siguiente, que también empieza con la acústica. Aunque éste (En el blanco), también incluya un peculiar juego entre el bajo y la batería, propio del rock alternativo. La distorsión es dejada a un costado.

Se implanta así un clima relajado y tranquilo que se sostendría casi hasta el final del show. Una segunda parte que tendría mucha implicancia de las dos pedaleras de efectos, tanto de la primera guitarra como de la voz principal.

El concierto finaliza con los dos hits de la banda: Adictos, de impronta más hard rockera, y Sube y baja, que posee tintes de rock nacional más tradicional.

Un show de luces envidiable acompañó a un sonido nítido y claro. Buena producción. Un pub con un clima familiar celebró la primera fecha de esta banda y su nuevo disco. Una banda prolija y que prevé crecimiento de la mano de una cantante a la que si algo no le falta es potencia.

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