El álbum de recuerdos del tiburón

Por Tomás Onorato

Cuando un personaje excede al relato de su historia, es difícil diferenciar si los aplausos del final congratulan a la obra, o a uno de los referentes del tango, o a un retoño del mundo, o a un padre de dos nenes y el arte, o a un cazador de tiburones, pero… ¿No es esa dualidad la que caracteriza a un documental?

piazzolla_los_anos_del_tiburon-392887449-large

Piazzolla: los años del tiburón, de Daniel Rosenfeld, no retrata la vida del músico, sino al revés, nos cuenta la música en su vida. El director ganador del Festival de Venecia en 2003, con La quimera de los héroes, condimenta constantemente su relato con videos caseros de la familia de Astor, grabaciones representadas en medios vintage y alguna que otra entrevista en programas extranjeros. Todos estos recursos tienen como resultado una narración muy humana, sumada al mayor archivo del tanguero jamás visto.

La película de 90 minutos recorre la infancia del bandoneonista en Nueva York y la figura de Nonino, su padre Vicente. Esta primera etapa del film será la única en la que la vulnerabilidad de Astor Piazzolla será protagonista. Conforme llegamos al segundo tercio del documental, se vuelve más presente la música del autor de Libertango, además de un recurso innovador y hasta onírico. Rosenfeld suma un espectador dentro de la pantalla: Daniel Piazzolla -hijo-, quien revive frente a cámara la esencia de su padre en un departamento que tranquilamente podría dar a la Torre Eiffel, a mediados de los ‘80.

La narración termina resultando en una conversación entre los poderosos testimonios del protagonista, monumentos de su implacable personalidad, y los nostálgicos recuerdos de su hijo.

No obstante, el director también consigue que se forme un debate sobre la trayectoria de Piazzolla. Su recorrido por el quinteto, el noneto, el octeto; las distintas agrupaciones y su cambio en el paradigma del género se re-analizan, construyendo con ellos el contexto emocional de la época. Rosenfeld se niega a mirar desde la distancia que inmacula al ídolo.

Un álbum de recuerdos intrínsecamente familiares, una especie de greatest hits y la complejidad de tango argentino entonado por un bandoneón, son los pilares de Piazzolla: los años del tiburón. A pesar de que de tiburones hay poco, sobra la vorágine del protagonista y el recorrido por los abismos de la memoria.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s