Armen Kusikian: “Donde hay muertes, el arte no tiene lugar”

Por Evelyn Cantore

Oriundo de Ereván, Armenia, y radicado desde 1999 en Argentina, Armen Kusikian es una de las influencias musicales más importantes del ambiente armenio y árabe. Heredó el amor por la música de su abuelo, Sarkis Kusikian, músico de laúd, un instrumento de cuerda utilizado tanto en la música armenia, como en la árabe y turca. El origen de su abuelo era turco, falleció cuando Armen tenía cinco años, pero recuerda muy bien sus palabras: “Este chico va a ser músico”. El acordeón fue su primer instrumento, y a los siete años comenzó a estudiar música de forma profesional. Se recibió como cellista, su oído absoluto y sus grandes capacidades le permitieron aprender a ejecutar con facilidad diferentes instrumentos. Con su primera orquesta folclórica empezó a tocar en cumpleaños, casamientos y distintos tipos de eventos festivos, tanto en su país como en Rusia, Ucrania, Polonia, República Checa, Alemania y Suecia.

Actualmente, a sus 51 años, trabaja en el restaurant de la reconocida bailarina de danzas árabes, Fairuz, y ya tiene diez discos grabados en este país, dicta clases y seminarios, además de realizar giras internacionales.

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El conflicto que se había originado en 1915, y que luego había dado lugar al genocidio por parte del Estado Turco, seguía vigente. Armen había tenido que soportar el servicio militar obligatorio durante dos años, porque Armenia era parte de la Unión Soviética. La tristeza que atravesaba el país por los vestigios de la guerra, y la muerte de su padre en 1995, a quien era muy apegado, (sus ojos se llenan de lágrimas al mencionarlo) lo empujaron a tomar la decisión de abandonar su querida Armenia para probar suerte en Argentina. “Sentía que no me quedaba nada allá, para un artista el dolor es doble. Donde hay muertes, el arte no tiene lugar, no hay alegría”, expresa.

En su pequeño departamento en un octavo piso del barrio de Balvanera graba su música y da clases. “¿Preparo unos mates?”, pregunta con simpatía. Aunque su acento delata sus orígenes, tiene muy incorporadas las costumbres argentinas.

El recuerdo más latente del día en que se aventuró hacia Argentina en el avión de Aeroflot (compañía rusa de aquella época que salía de Moscú directo para Buenos Aires) es el encuentro con un gran amigo de su abuelo. “Noté que un señor muy mayor me miraba todo el tiempo, hasta que se me acercó y me preguntó si era armenio”, cuenta Armen. Una vez que confirmó su origen, comenzó a interrogarlo acerca de su profesión y el motivo del viaje a este país, tenía una gran curiosidad e interés por saber más sobre Armen. Hasta que se animó a preguntarle: “¿Quién es para vos Sarkis Kusikian?”. La sorpresa y emoción de Armen hizo que se quedara inmóvil por un momento, no lo podía creer. Su abuelo y ese hombre habían compartido su vida en Salónica, Grecia, cuando ambas familias tuvieron que emigrar de Turquía. 

El repertorio de Armen Kusikian incluye, mayormente, música compuesta especialmente para bailarinas de bellydance (estilo de danzas árabes fusionado con la danza clásica y jazz), pero también ha incursionado en la música griega. La conjunción de ritmos provenientes de África, Turquía, Egipto, y diversos países, conforman una música completamente enriquecida en armonía y melodía, recursos muy bien utilizados por el músico. Participa cada año de los eventos organizados por la Unión General de Beneficencia (UGAB), en los que lo recaudado se dona a las escuelas de música de Nagorno Karabaj, Azerbaiyán, (territorio aislado de Armenia que pasó a manos del Estado Turco durante la guerra) en las que escasean los instrumentos, y es muy difícil el acceso.

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Al relacionarse con las demás comunidades, Armen no se rige por lo ideológico y político, asegura que su aporte es desde la música y, además, “jamás apoyaría la matanza de personas”. Cuenta que tiene amigos de otras colectividades con los que se tienen un “respeto mutuo”, y manifiesta el amor por su país, a donde vuelve cada vez que puede. Para él, “una persona que es buena, lo es más allá de sus creencias religiosas e ideales políticos”.

El armenio fue el primer genocidio en la historia, pero uno de los menos reconocidos por la mayoría de los países. Con el apoyo de Israel y Estados Unidos, Turquía continúa con su política de negacionismo. Argentina cuenta con una política de reivindicación de los derechos de la comunidad armenia, el reconocimiento llegó durante la presidencia de Raúl Alfonsín, en septiembre de 1987; no obstante, los demás poderes del Estado lo hicieron años más tarde.

Armen es el fiel ejemplo de que el arte puede traspasar los conflictos por diferencias ideológicas, destaca la confluencia de las diversas culturas que conviven en Argentina y continúa eligiéndolo, a pesar de las repetitivas crisis económicas y la violencia social. Y aunque sepa que la vida de un artista no sea fácil, lo define como un país en el que “se puede ser libre y hacer lo que a uno le gusta”.

 

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