Un recuerdo sobre nosotros

Por Tomás Onorato

No es novedad que el cine de Francia sea hogar de otro film hiperrealista, o que se adentre en el desconocimiento propio y la crueldad del tiempo. Sin embargo, La casa junto al mar (La villa, en su idioma original) lleva esta fórmula al extremo, con una sumatoria de personajes profundos y una ciudad de ensueño.

la_villa-686398702-mmed.jpg

La última película del galardonado director francés Robert Guédiguian escapa de su nativo circuito europeo, para iluminar las pantallas de Buenos Aires con una historia de sensibilidad universal.

La trama inicia cuando Angèle (Ariane Ascaride) regresa al pueblo donde creció, luego de enterarse de que su padre había sufrido un infarto. Una vez en la villa, construida desde los cimientos por su papá, se reencontrará con sus hermanos, sus viejos vecinos -los pocos que quedan- y, claro está, con ella misma.

No pasa demasiado tiempo hasta que se vuelve palpable la tensión de los asuntos sin resolver entre los hermanos. Poco a poco, entre diálogos -mayormente- y monumentales déjà vu, cada uno de los protagonistas se verán cara a cara con quienes eran, hasta desnudar quienes son.

El filmse nutre de sus escenas de tinte teatral, donde construye personalidades empáticas, divertidas y familiares. Gérard MeylanAnaïs Demoustier Jean-Pierre Darroussin encarnan, al igual que Ariane Ascaride, identidades que solían ser coloridas, hasta hundirse en el trabajo, la edad o sus sueños oxidados.

No obstante, el éxito en su alquimia realista tiene como catalizador su ubicación onírica. Guédiguian decidió filmar en la comunidad Ensuès-la-Redonne, un encuentro rústico entre el mar Mediterráneo y los morros, que vigila la costa marsellesa. Es destacable el uso de elementos propios de ese mundo en favor de la evolución de los personajes, como las historias sobre el barco pesquero y el constante coqueteo de sus visitantes con el tren, que pasa sobre la villa como la tentación de abandonar el pasado.

La casa junto al mar, que se llevó dos premios en el Festival de Venecia del año pasado, cuestiona los hilos que cortamos al crecer, su fragilidad, al mismo tiempo que expone los eternos miedos y sus máscaras, nuestras máscaras, en una historia de cariño apta para todas las costas.

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s