Padre Pedro, o el corto camino de lo visceral a lo siniestro

Por Juan Pablo Manrique

Padre Pedro tiene dos mensajes. Dos líneas principales, basales del relato que ponen en tela de juicio los comportamientos violentos. Unos en forma de violencia machista y otros en forma de coacción institucional.

Padre Pedro 1

El debate que surge en el argumento sale de los disparadores habituales de la tragedia teatral. Explica un vínculo; una forma de interactuar y relacionarse. El cambio de roles transmite una tensión sostenida de punta a punta de la obra, que se desliga de la noción de tiempo para contarnos una charla. Un pedazo de momento. Una vivencia. Incluso, tal vez, un recuerdo.

La obra juega con la desesperación de los personajes y la maldad primitiva de uno, mezclada con el aprovechamiento del otro. Una complicidad. La ambientación se asemeja a la de una sacristía, con un espacio para rezar, una virgen y esquinas. Un ring de boxeo compartido entre dos entidades que forman parte de un todo. Un tridente explicado por dos voces.

El Padre Pedro (Jorge Fernández Román) es un cura de un pueblo que tiene como ayudante a Dante (Ricardo Torre), un hombre turbado por sentimientos de amor empañados por la naturalización de la violencia de género. A medida que nos adentramos en el relato aparecen los celos y las consecuencias en el accionar de una persona que no respeta a su pareja.

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En una especie de danza bizarra y turbulenta: estos dos personajes cristalizan la intimidad de un grupo conformado por el cura, Dante y su esposa. La crítica al accionar de la Iglesia, el oscurantismo, las represiones y las relaciones enfermizas generan un relato que avanza velozmente. Al principio de la obra el camino es con risas, para luego decantar en una constricción de la que se hace casi imposible escapar como espectador.

Ricardo Torre el año pasado brilló en el unipersonal Angá Rodolfo, y vuelve a interpretar a un personaje con ciertos matices de desesperación que rompen todos los límites de la cordura. Nuevamente brillante. Para experimentar y dejarse llevar el papel de Fernández Román, que subvierte internamente todo lo relacionado con los estereotipos de hombres de fé.

La iluminación juega un papel secundario en la obra pero acompaña ciertos instantes de intimidad de los personajes, donde prima una suerte de partido de ajedrez con testigos atónitos. La música marca el inicio y el fin, pero no juega un rol preponderante en escena.

Padre Pedro es una propuesta interesante para salir de los espacios comunes que nos circunscriben a una zona de confort ideológica. Sobre todo, para disfrutar de una historia enorme, contada a través de un diálogo, donde el poder de las palabras y su elocuencia interpelan a la audiencia a llevarse de souvenir una reflexión muy rica sobre el amor.

Funciones: jueves de septiembre y octubre, 20:30 hs, Espacio NoAvestruz – Humboldt 1857, CABA.
Duración: 50 minutos.
Localidades: 200 pesos.
Elenco: Jorge Fernández Román y Ricardo Torre.
Dramaturgia: José Ignacio Serralunga.
Iluminación: Ricardo Sica.
Escenografía: Javier Parada.
Vestuario: Patricia Ramírez Barahona.
Diseño gráfico: Valentina Marvaldi y Verónica Martorelli.
Asistencia de dirección: Antonella Estrañy.
Dirección: Matías Gómez.
Producción ejecutiva: Mariana Zarnicki.
Prensa: Kazeta Prensa.

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