La herencia de los líderes, el drama de los libre-pensantes

Por Tomás Onorato

“Guarda los temores para ti mismo, pero el coraje, ese compártelo con los demás”, escribió alguna vez el novelista escocés Robert Louis Stevenson, autor de la popular obra El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde. En el Festival de Cine Alemán, una de las propuestas revive este concepto poniendo en jaque el paradigma del líder.

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La revolución silenciosa (Das Schweigende Klassenzimmer, en su idioma original) narra la historia, basada en hechos reales, de un grupo de estudiantes que, en la Alemania Oriental controlada por la Unión Soviética, deciden hacer un minuto de silencio en honor a los caídos de la liberación húngara, de 1956. Este acto alerta a un sistema de proletariado sumamente controlado, cuya identidad política estaba menos cerrada que la cicatriz del nacismo. Así, los jóvenes que empiezan a asomar su cabeza por la guerra fría deben unirse frente al constante acoso del Estado, su colegio y sus familias.

Lars Kraume, quien también dirigió El caso Fritz Bauer, elige como protagonistas a dos amigos que encabezarán el minuto de silencio. Sin embargo, durante su film presenta varios líderes en distintos estratos, como los padres de las familias, el ministro de Educación y el director. Ellos serán el combustible del relato. Su falta de empatía, su miedo, su deshonestidad definen a estos alumnos revolucionarios. Mientras tanto, se cuestionan el totalitarismo, los patriarcas y otras convenciones político-sociales de la época, o no tanto.

Para ello, la película nunca deja de ilustrar la situación histórica de la República Democrática Alemana, sus saludos, sus aduanas o las herencias ideológicas familiares. Rápidamente, el espectador puede comprender los conceptos y valores que definieron al proletariado germano durante las agitadísimas décadas del ‘40 y del ‘50.

A su vez, las actuaciones de los prometedores jóvenes Leonard Scheicher, como Theo Lemke, y Jonas Dassler, encarnando a Erik Babinsky, terminan de consagrar el relato. Ambos forman un lazo con el espectador por sus valores tan profundamente dramatizados. Además, logran un efectivo arco argumental, para finalizar a la altura de cada uno de sus clímax dramáticos.

No menos importante es el trabajo de guión que llevó a cabo Kraume. Fue la base de La revolución silenciosa. Repletos de diálogos naturales, sin abandonar el marco histórico, pero que además son concebidos en situaciones muy interesantes. El mejor ejemplo: los susurros durante ¡La clase de tiro al blanco!

Al libreto se le suma la moderna narrativa. La obra estrenada el 20 de julio de este año posee un buen ritmo, a veces con una revolución demás, pero acompañando el drama y el júbilo. Un valor agregado de invaluable aporte es la iluminación, una paleta de colores dinámica, sumadas a algunas tomas que ponen al filo los ojos.

La revolución silenciosa es una completa sumatoria de historia, drama e imagen. Carece de temor a la hora de exponer a quienes históricamente nos mandan, siempre con un tono dinámico.  

 

 

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