Lucky: 215 vidas en pantalla

Por Tomás Onorato

En el medio del desierto de Texas, un gorro rojo se entromete entre la cámara y la postal árida. Bajo esa mancha de color, Travis Henderson, encarnado por Harry Dean Stanton. El mismo que, gorra de por medio como es costumbre, había sido parte de la terrorífica tripulación de Alien: El octavo pasajero, cinco años antes.

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Querido por más de una leyenda de Hollywood, el actor tenía constantes llamadas nocturnas con Marlon Brando, fue el padrino de bodas de Jack Nicholson, lanzó el disco Harry Dean Stanton: Partly Fiction, con Willie Nelson y Bob Dylan, entre otras docenas de anécdotas.

A pesar de no haber tenido grandes protagónicos, más que la galardonada obra maestra París, Texas, dirigida por Wim Wenders, Stanton interpretó más de 200 papeles en cine y televisión. Trabajo con Martin Scorsese, Hitchcock y hasta apareció en la primera de The Avengers. Un hombre cuya presencia le daba color a roles secundarios -e, insisto, rara vez aparecía en cámara sin sombrero-.

Por estas razones, su anteúltima película, Lucky, dirigida por el famoso actor John Carroll Lynch, será recordada como su réquiem.

El actor nacido en 1926 se halla en la historia de un tozudo anciano con alma cowboy, mientras recorre su vejez por rutinas y caras conocidas. La ópera prima de Lynch, actor de Fargo (el film de los hermanos Coen), no puede, o no elige, evitar transpolar sus diálogos, escenas y personajes a la vida del protagonista. Así como tampoco el espectador: Lucky tuvo su estreno solo dos semanas después de la muerte de Harry Dean Stanton.

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Además, Lucky (el personaje de Stanton) está concebido sobre quien le dará vida. Ambos, vivieron la Segunda Guerra, que le dio apodo a uno y marcó la vida del otro: “Estuve en la batalla de Okinawa. Los actores de ahora no tienen ese tipo de experiencia de vida. Tuve acción en el barco, fui muy afortunado de no ser asesinado o volado en pedazos”, contaría a la revista oriunda de Miami, Venice, en 1997.

Por otro lado, el hombre que apareció en El Padrino II y Twin Peaks murió a causa de su adicción al cigarrillo. Sin embargo, tras vivir la primer alerta en su sólida salud, Lucky visita a su doctor, que le recomienda no dejar de fumar.

Varios elementos que exceden la rasgos paralelos del anciano ficcional, también, revéen la triste partida del anciano real. El protagonista mantiene más de una charla sobre la muerte, la religión y los legados. Así como lo hacen sus amigos en la trama. Excepto por Loretta (Yvonne Huff) y Bobby Lawrence (Ron Livingston), que serán los recuerdos de la belleza y la brutalidad en este mundo, el resto de los personajes con diálogos son, al menos, sexagenarios. Cada uno, en su propia faceta de los “años dorados”.

Sobre todo destacan Barry Shabaka Henley, que acompaña a Lucky en sus mañanas con el desayuno, y el amigo personal de Dean Stanton, David Lynch. El director de Blue Velvet tiene la crisis más llamativa cuando su último amigo, la tortuga Roosevelt, parte de su vida. Será él, quien lidere a este club de jubilados alcohólicos nostálgicos por la historia.

Fuera de lo que concierne a la memoria de un “grande”, como lo calificó Lynch en su despedida, Lucky tiene otro punto fuerte. La iluminación, más aún en las escenas nocturnas. Difícil no tentarse a darle color o sombras llamativas a un rostro como el del actor principal, sin embargo, la fotografía logra una solemnidad con tintes surrealistas.

La obra de John Carroll Lynch es una comienzo interesante para el nuevo realizador. No obstante, será recordada como la despedida de una industria a uno de sus más fieles integrantes.

De forma egoísta, aunque necesaria, me tomo este último párrafo para hablar desde mi experiencia. El amor que siento por el cine se arraigó el día que puse a reproducir París, Texas en mi computadora. En parte por gloria del director Wim Wenders, pero es imposible dejar afuera la actuación de tan inmenso proser.

Harry: me hiciste conocer la sensibilidad, la pieza que me cohibe dentro del universo dueño de mis ojos. Te consagraste en el mundo, y en mi mundo, cuando llegaste caminando por el desierto bajo un sombrero rojo. Casi dos semanas después del primer aniversario de tu partida, me llena de orgullo que mis últimas lágrimas las perdí mientras te ibas caminando por el desierto, bajo un sombrero vaquero. Gracias

Harry Dean Stanton (1926 -215 vidas en pantalla- 2017)

 

 

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