Coti y Los Brillantes hicieron vibrar su lado B

Por Agustina García

El cantautor argentino Roberto Fidel Ernesto Sorokin Espasa, ​​​más conocido como Coti Sorokin, y su banda se presentaron en The Roxy-La Viola Bar con un show íntimo dueño de un repertorio muy especial: preponderaron aquellas canciones que se perdieron en un mar de éxitos.

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La cita era a las nueve de la noche en un bar ubicado en el corazón del barrio porteño de Palermo, sobre la calle Niceto Vega. El escenario elegido por Roberto “Coti” Sorokin no es cualquiera: el rock se siente y se disfruta en esas cuatro paredes, cuyo dueño es el periodista Carlos “Bebe” Contepomi.

Las puertas del bar se abrieron dos horas antes del inicio del show, pero el tiempo de espera no pesó: algunos espectadores aprovecharon la barra de bebidas y snack que había en las inmediaciones, mientras otros disfrutaron las canciones de rock nacional que funcionaron de teloneras. Cerca de las nueve de la noche y con el espacio prácticamente repleto, ya todos los fans esperaban ansiosos la salida de Coti mientras cantaban con una birra en mano.

Las luces se apagaron y la melodía de Malditas canciones comenzó. Coti y sus cinco brillantes -Luna Sujatovich (teclados, coros), Matías Damato (bajo, coros), Nicolás Ottavianelli (teclados, guitarra acústica 12 cuerdas, coros), Daniel Espeche (guitarra eléctrica, coros),Brian Figueroa (guitarra eléctrica, coros) y Javier Robledo (batería)- se desplegaron por el escenario.

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“Yo sé que en la radio no van a poner malditas canciones que te voy a hacer, para que me olvides, para poder olvidar”, entonó el cantante argentino para iniciar un show un tanto particular. ¿Por qué? El recital fue bautizado como Coti y Los Brillantes: lado B y divide dos caminos en la historia de esta banda: por una parte, están los éxitos y, por otra, aquellas malditas canciones que no tuvieron eco en la radio. De eso se trató este show; dos horas de un encuentro íntimo entre Coti y sus fans, para no olvidar esas letras.

Coti Sorokin vive en Madrid, capital española, desde hace años. Sin embargo, muy asiduamente, regresa a (su) suelo argentino para, entre otras cosas, brindar shows y encontrarse con sus fans. De hecho, en octubre del año pasado, Sorokin se presentó en el Auditorio de Belgrano y, allí mismo, afirmó que deseaba que el próximo encuentro musical fuera más íntimo. Un año después, en The Roxy-La Viola Bar, lo logró. El espacio era pequeño, contó con un escenario y, a los pies de él, sólo había una especie de campo. Un espacio VIP se encontraba separado por vallas y un escalón. Al fondo, la barra y la salida. Más de una vez, Coti se bajó del escenario y se paró frente a la valla que pretendía separarlo del público. Cada vez que se acercaba, los fans se abalanzaban sobre él para poder abrazarlo.

El lugar fue un acierto. Realmente fue un show personal y mostró su lado B. Por supuesto que algunos grandes clásicos no faltaron como Nada fue un error, Ayúdame, Otra vez y Nueces, mientras que otros brillaron por su ausencia. No era esa la intención del recital, está claro. Sin embargo, la falta de esas melodías se notó. Por otro lado, fue un recital bastante rockero. Las canciones melódicas también se ausentaron. Incluso, más de una vez el centro del campo se transformó en pogos que rebotaban de una pared a la otra.

Un show rockero, sin dudas, y también con mucha conciencia. Coti suele explicar cómo nacen algunas canciones y contar la historia que le dio origen a esa letra. Anoche, se tomó su tiempo de reflexión en tres canciones:

“Yo soy inmigrante, como tantos de mi tierra que han venido por aquí. Yo soy extranjero, pero no tengo la culpa de las cosas malas de este país”, dice el estribillo de la canción El inmigrante. Para introducirla, Coti – argentino que emigró a España hace tiempo- sentó su postura a favor de la inmigración tanto en América como en Europa.

“Tengo la leve sensación de que algo malo está pasando. El corazón de mi ciudad, el corazón de mi ciudad está sangrando”, manifiesta el tema Sangrando, del segundo disco del cantante. Esta canción cuenta la historia de Camilo y Manuel, dos chicos de la misma edad, pertenecientes a dos clases sociales opuestas, que sólo logran encontrarse en un semáforo.

El show estaba a punto de terminar. Las once de la noche era cuestión de minutos. Sin embargo, Coti Sorokin se acercó a los cinco integrantes de Los Brillantes y les dijo algo al oído. Enseguida, la melodía de 50 horas se adueñó del bar. No es una canción de su lado B, pero Coti la sumó.

“Yo podría estar cincuenta horas robándote besos de esos que vos me dejas robar”, cantó y repitió un par de veces la frase “que vos me dejas” para después culminar diciendo: “Es importante que vos me dejes, sino mirá cómo nos ponemos”.

The Roxy estalló en aplausos. Una vez terminada la canción, Coti y Los Brillantes se juntaron en el centro del escenario y se despidieron. “Feliz 2019”, cerró Sorokin luego de dos horas en las que dejó mostrar su lado B.

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