Cuando el feminismo copó los medios hegemónicos

Por Evelyn Cantore

El 11 de diciembre el colectivo de actrices argentinas convocó a una conferencia de prensa en la que denunciarían casos de abuso en el ámbito laboral. Fue en aquella jornada que la actriz Thelma Fardín denunció públicamente (ya se había realizado la denuncia en la justicia) que había sido violada por Juan Darthés a sus dieciséis años, en Nicaragua, durante la gira del programa Patito Feo.

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Desde principios de 2018, la lucha feminista hizo su irrupción en la agenda de los medios de comunicación hegemónicos. De pronto, en el living de Intrusos desfilaban diferentes militantes de este movimiento y periodistas especializadas en género.

Pero esto no es nuevo: las variadas organizaciones feministas vienen desde hace siglos bregando por la igualdad de derechos entre hombres, mujeres y disidencias. Sin embargo, que el tema se instalara en la agenda mediática sirvió para poder llegar a mucha más gente. “La diferencia es que se expandió a más personas que antes no estaban involucradas”, afirma María Alicia Gutiérrez, socióloga, feminista e investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA. Además, es integrante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Ella plantea que los movimientos feministas están teniendo una presencia importante porque son “la única organización que, en este momento, está enfrentando en serio estructural y profundamente al sistema neoliberal y al sistema capitalista a nivel global”.

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El testimonio de Thelma empujó a muchas mujeres a alzar su voz, a no callar más, les dio la fuerza para empezar a contar todo lo que sufrieron. Incluso, desde ese momento, aumentaron en un 120 por ciento las denuncias por abuso sexual y abuso sexual infantil. Abusos sexuales y psicológicos, con un patriarcado que sirvió en bandeja la comodidad del silencio.

Cuando Calu Rivero había inculpado por acoso a Darthés, una gran mayoría descreyó de sus palabras y le dio la espalda. La trataron de loca, la silenciaron. Lo mismo sucedió con las actrices Natalia Juncos y Ana Coacci, que relataron situaciones de abuso por parte del actor, en las que también utilizó la frase “mirá cómo me ponés”. Esa, que luego fue reformulada por el colectivo de actrices y se convirtió en el emblema de esta lucha: “Mirá cómo nos ponemos”.

“Me parece maravilloso que este hecho haya impulsado a las mujeres a hablar, después de siglos de silencio; hay que terminar con eso de ‘no digas’, ‘no cuentes’, ‘guardátelo’, y el hecho de crecer con ese dolor como si una fuera la culpable”, expresa Luisa Albinoni, actriz, comediante y vedette.

Luisa Albinoni

Ahora, se hace difícil perpetuar el doble discurso, que daba la noticia del femicidio (término por el que también el feminismo luchó para que se utilizara en reemplazo de “crimen pasional”), mientras criticaba la vida íntima de una mujer, siempre culpabilizando a la víctima. Hasta las publicidades comenzaron a cambiar, muy de a poco: un claro ejemplo es la de una reconocida marca de toallitas, la cual ahora muestra la menstruación con el color correspondiente (el rojo) y no con el azul, como se acostumbraba. Podría parecer una nimiedad, pero es un paso.

No obstante, el cambio está en marcha, porque lentamente se empieza a comprender que la raíz del problema es el patriarcado. El femicidio es la consecuencia final de un cúmulo de violencias y opresiones previas. Se están analizando todas las aristas de la violencia de género. La simbólica, la económica, la sexual y la psicológica, que están ancladas en el sistema que instala a la mujer por debajo del varón; la ubica como objeto y no como sujeto. Ya no se habla, o se hace en menor medida, de “casting sábana”, que pone la responsabilidad en la mujer, sino que se da cuenta del abuso de poder.

Otra señal de cambio fue el fuerte repudio que despertaron los dichos de Cacho Castaña: “Si la violación es inevitable, relájate y goza”. No hizo ningún tipo de autocrítica e, incluso, meses más tarde, reafirmó su pensamiento retrógrado con la frase: “A las mujeres hay que volteárselas”. Pero todavía falta, porque así como existió el rechazo a sus palabras, también se le siguió dando espacio en programas como Polino auténtico, por Radio Mitre, con Marcelo Polino, Amalia Granata y Yanina Latorre; e Involucrados, conducido por Mariano Iúdica, quien también está a la cabeza de Polémica en el Bar, donde el machismo es tan explícito que no es necesario un análisis.

“Los varones deberán deconstruirse y trabajar su posicionamiento frente a delitos y ataques a la integridad de las mujeres y las disidencias sexuales”, afirma María Alicia Gutiérrez. Además, hace hincapié en que los feminismos “luchan por una mejora para el conjunto de la humanidad”.

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Al propio Marcelo Tinelli se le está cuestionando su pasado, con el famoso corte de pollerita y las cámaras ocultas en las que se violentaba a las mujeres. Incluso, hizo un descargo en su programa, con una fuerte autocrítica y aseguró que “no volvería a hacer esas cosas”. Ahora, en Showmatch las participantes del certamen de baile aprovechan el espacio y hablan, hacen coreografías, actúan y se expresan contra la violencia de género en todos los aspectos.

A pesar de que todavía se mantiene el grupo de chicas con cuerpos hegemónicos y poca ropa -cual adorno detrás del conductor- y durante todo el año el programa volvió a caer en el fogoneo de la pelea entre mujeres, en las últimas instancias del bailando la actriz María del Cerro se animó a contar que había sufrido un abuso a los once años. Y no es la única, esta explosión es imparable. Es como un vómito verbal, que estalla en llanto, y una necesidad de despojarse del miedo.

Para Gutiérrez, la contundencia de todo lo que sucede hace que los medios de comunicación hegemónicos “no estén pudiendo negar al movimiento feminista”. Y agrega: “Antes no aparecíamos en ningún lugar. Ahora, por suerte, se están dando cuenta de que se trata de una organización sumamente nutrida de una producción teórica muy rica, muy importante y muy seria, y de que somos una práctica política. Distinta, más transversal, pluralista, democrática o como quieras llamarle. Somos capaces de replantearnos permanentemente nuestra posición y nuestras teorías”.

El 3 de junio de 2015 se realizó la primera marcha bajo la consigna Ni Una Menos, organizada por periodistas y militantes. Más de 150 mil personas marcharon desde Congreso a Plaza de Mayo contra la violencia machista, donde Érica Rivas, Maitena y Juan Minujín leyeron el primer documento escrito por las organizadoras. El femicidio que impulsó a movilizarse, como gota que rebalsa el vaso, fue el de Chiara Páez, una joven rosarina que tenía catorce años y estaba embarazada al momento de ser asesinada a golpes por su novio, Manuel Mansilla. En 2016, el caso que conmocionaba y llenaba de bronca e indignación por esos días era el de Lucía Pérez, una adolescente marplatense de 16 años que murió empalada. No sólo se realizó la movilización que ya cumplía un año, sino que se sumó un paro. Sí, un paro internacional de mujeres.

Lo triste es que las movilizaciones siempre surgen a partir de más muertes de mujeres, de chicas, de niñas, como un estallido de hartazgo. La periodista Luciana Peker explica en su libro Putita Golosa que hay un ensañamiento hacia el goce femenino, “la violencia se da frente a chicas deseantes, a veces vulnerables, pero, fundamentalmente, que van por su deseo”. Y resalta que “otra forma de condenar a las mujeres deseantes son las violaciones masivas que se están produciendo en muchas partes del mundo, desde Brasil, Perú, India y Argentina”.

En 2017 y 2018 se repitieron las marchas, pero el año pasado tuvo una particularidad: se hizo más fuerte que nunca el pedido por el aborto legal, seguro y gratuito. Y claro, la discusión que ya había tomado protagonismo en los medios de comunicación, en los hogares y en cualquier ámbito, pronto sería llevada al Congreso.

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La Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito existe desde hace trece años, pero recién el pasado se logró, o más bien, los diferentes colectivos de mujeres lograron que se pueda debatir y que no vuelva a ser cajoneado, como venía sucediendo. Los martes verdes (por el color que lleva la campaña y el pañuelo que hoy en día se ve atado a mochilas y carteras) muy pronto se hicieron parte de la rutina diaria. “El hecho de sacar del clóset la palabra aborto fue muy importante”, destaca María Alicia Gutiérrez. A pesar de que el proyecto quedó trunco en Senadores, este año volverá a presentarse y la militancia será tan o más contundente.

Las actrices argentinas conformaron su propio colectivo desde el cual fueron una parte fundamental para impulsar esta campaña. “Hubo charlas, diálogos y muy buena interacción durante todo ese proceso con los aportes y las ideas que ellas iban trabajando”, cuenta Gutiérrez. No fueron las únicas que se pusieron al hombro esta causa, también las periodistas y las poetas se organizaron de forma colectiva. “Siento que soy testigo de una revolución increíble, mi hija va a crecer de otra manera, en un mundo mejor”, expresa Albinoni.

Las transformaciones no son procesos fáciles de transitar, más aún cuando las costumbres y tradiciones machistas se perpetuaron a través de los años, sin ningún cuestionamiento. “Tal como nos sucedió a las mujeres desde la revolución francesa, esta oleada va a ser dolorosa, triste, compleja, contradictoria y habrá enfrentamientos, pero es importante que este proceso se lleve a cabo”, concluye la socióloga feminista Gutiérrez.

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