Beautiful Boy: la propaganda anti drogas que nunca falla

Por Sol Bonato

En el mundo de Hollywood los temas vinculados a las drogas y adicciones funcionan la mayoría de las veces y, si bien las tramas pueden resultar bastantes repetitivas en algunas ocasiones, (casi) siempre terminan con dos posibles finales: la persona esperanzada sale de ese universo con un estilo poético de la sobriedad, o simplemente la muerte. Beautiful Boy no deja de ser una de esas películas de lista sobre adicciones y propaganda de “no a las drogas”, pero lo que logra distinguirla del resto es, claramente, la excelente química y las actuaciones de Timothée Chalamet y Steve Carell.

El cineasta belga, Felix Van Groeningen, cultivó buenas críticas desde 2012, cuando su película El círculo de amor se rompe consiguió una nominación al Oscar como Mejor película extranjera. Esta vez, volvió a la pantalla grande de la mano de Amazon, con esta producción que estuvo en competencia y se presentó mundialmente en el Festival de Toronto de 2018. Actualmente, Chalamet sumó dos nominaciones por su papel, una en los Globos de Oro y otra a los Premios del Sindicato de Actores -SAG Awards-.

Basada en dos libros autobiográficos, Beautiful Boy, de David Sheff (padre), y Tweak, del propio Nic Sheff (hijo), la película narra el punto de vista de un padre desesperado por el calvario que sufre su hijo cuando entra en el infierno de la metanfetamina y demás drogas, interpretado por un serio, talentoso y versátil Steve Carell (The Office).

Nic Sheff es Timothée Chalamet, y como no se puede esperar menos de este joven que sorprendió a todos con su papel de Elio en Llámame por tu nombre (2017) con tan solo veintitrés años, volvió a demostrar que es un actor en ascenso con mucho futuro en la industria cinematográfica. Un drogadicto es el papel por el que quieren pasar muchos actores a lo largo de su carrera -además de psicópatas y alcohólicos-, ya que les da la posibilidad de experimentar su talento. Lo que hace Chalamet con su forma de hablar y sus expresiones faciales y corporales demuestra que Van Groeningen no se equivocó al elegirlo.

Una familia unida, confianza enorme entre padre e hijo y una vida bastante acomodada y estable no impiden para nada la caída en las adicciones. De hecho, eso es uno de los puntos fuertes de Beautiful Boy: no se explica el por qué de Nic en ese mundo, quizás porque no siempre hay una razón que quebranta las relaciones, ni situaciones traumáticas de la infancia, ni un hecho concreto. Sólo pasó. El director no cae en el típico estereotipo: cuando de drogas se trata, se ve inevitable no abarcar un obvio deterioro corporal, relaciones de poder, violencia y delincuencia; el filme utiliza el tema en cuestión, pero basa la trama en la relación padre-hijo, con una estructura no lineal para contar la historia. Los flashbacks están constituidos en toda la película y no dicen mucho, pero sí muestran la persona angelical y pura que Nic supo ser, y que Van Groeningen eligió que el personaje siga siendo.

El calvario, la agonía y la angustia de toda una familia que hace todo por ayudar a Nic, que es consciente de su infierno y decide internarse pero no falta mucho para que vuelva a caer. De eso se trata: la recaída siempre es parte de la recuperación, y ese mensaje queda bien en claro. No hay cura para una adicción, pero sí existe un acompañamiento que ayuda, ya que actualmente el verdadero Nic Sheff lleva ocho años sobrio, con todo el esfuerzo que conlleva.

Planos que dicen mucho y escenas que conmueven, como una tarjeta de crédito que se utilizará para pagar un costoso tratamiento; una mirada de Carell que dice: “Me doy por vencido”, y otra de Chalamet que pide perdón a los cuatro vientos, aunque no puede controlar su estado; o un hermano de cinco años que ama jugar con Nic,

La canción de John Lennon en un recuerdo, y un “everything” (todo, en español) que se repite más de cinco veces en los 120 minutos. “Lo que siento por ti es todo y te quiero más que a todo”, es uno de los diálogos más conmovedores. Y es imposible no asociar ese “todo” con el “luego” -o “later”- de Elio y Oliver, en Llámame por tu nombre, o el “okay” de Bajo la misma estrella

Se puede decir que Beautiful Boy no es una película que innova en cuanto a su trama: cae siempre en lo mismo y hasta se hacen tediosos los flashbacks. Pero lo que salva a la película, y el espectador merece disfrutar, es el reparto y, principalmente, la dupla protagónica. Sin ellos está producción no tiene mucho por rescatar y destacar, aunque quizás a alguien le pueda ayudar a reflexionar.

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