El Tío: cuando la muerte cambia todas las vidas

Por Agustina García

Eliseo Rizzo muere, pero el rumbo de sus familiares más allegados debe continuar. Eso lo sabe su hermano Dalmiro; lo que no sabe es en qué dirección. El Tío, protagonizada por César Bordón y dirigida por María Eugenia Sueiro, llega este jueves a todos los cines para demostrar que una partida inevitablemente cambia el destino de los que aún no se fueron de viaje. “La muerte trastoca todos los vínculos”, afirma la directora.

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“¿Cuál es aquel camino que tengo que tomar? Si sólo hay un destino al que puedo llegar. Si siempre viajé solo y siempre vos fuiste mi faro en la ciudad”, canta Vicentico. pero perfectamente podría entonarla Dalmiro Rizzo. Es hermano, cuñado, tío, empleado de una inmobiliaria y fanático de Almagro. Cuando Eliseo muere, todos los roles de su vida -directa o indirectamente- son atravesados por ese acontecimiento. Es soltero y sin hijos, lleva una rutina calma y cómoda: trabaja a la mañana y ayuda en el club de sus amores por la tarde. No tiene grandes ambiciones ni planifica nuevos proyectos. Pero cuando la muerte de su hermano irrumpe, se ve obligado a virar el rumbo.

Dalmiro es personificado por César Bordón, un actor que, aunque en todos sus trabajos mantiene seriedad, demostró ser dueño de una gran versatilidad. Sin ir más lejos, su último papel fue en la serie de Luis Miguel: allí interpretaba al manager del cantante. A Borbón le crees e incluso lo querés: su mirada transmite una mezcla de compromiso con su familia, con el dolor por la pérdida de su hermano y su intención de hacer lo correcto. “Yo lo elegí porque es un actor que tiene una gran comprensión del manejo del humor y de transitar lo pantanoso en un balbuceo del decir a medio camino”, explica Sueiro.

  • ¿En qué creés que se destaca César como protagonista?

Sabe trabajar la sintaxis; esos gestos precisos que ayudan a entender qué le sucede sin abusar de los sobreentendidos, pausas y silencios en el momento necesario para volver denso un momento cotidiano.

  • En tu primera película, Nosotras sin mamá, también actúa él. ¿Por qué volver a postularlo?

Se ve que me quedé con ganas de trabajar con él, porque me siento muy unida y representada.

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La coprotagonista es Vanesa Maja, que se pone en la piel de la viuda de Eliseo, es decir, la cuñada de Dalmiro. Tiene dos hijos y uno en camino. El conflicto de la película se desencadena cuando le pide a Dalmiro que salde una deuda que tenía con ellos, cumpliendo un proyecto de su hermano que quedó trunco: irse de viaje a Disney con su sobrina.

El tío no tiene la plata suficiente y se embarca en distintos concursos para recaudar lo que sea. Sin embargo, en el fondo sabe que no se trata de dinero ni de viajes: la deuda que debe saldar es la de ser un tío presente. La directora y guionista de la película refuerza: “Dalmiro entenderá que él debe crear su propio viaje”. El elenco se completa con Roberto Vallejos, Isidoro Tolcachir, Valentino Barone, Alfredo Rizo, Sergio Suarez, Dulce Wagner y Analia Marcolini.

Esta no es la primera película a la que Sueiro le pone su sello: en 2012 estrenó Nosotras sin mamá. ¿Es casualidad que sus dos películas incluyan en su título un lazo familiar? Las casualidades simplemente no existen.

Nosotras sin mamá cuenta qué sucede cuando tres hermanas se quedan encerradas en una habitación, luego de años sin verse tras la muerte de su madre. Salvando las particularidades de cada una, ambas películas tienen como disparador una perdida que modifica la vida de todos los que toca. Porque con la muerte también hay que convivir. Sueiro reconoce las semejanzas que unen a sus películas y agrega: “Uno haciendo se da cuenta de sus obsesiones internas”.

  • ¿Con qué tiene que ver tu obsesión en particular? ¿Qué es lo que te llama la atención como para volcarlo en la pantalla grande?

La muerte trastoca los vínculos y obliga, al menos momentáneamente, a hacer una pausa y ver dónde uno se acomoda. Esa incertidumbre me resulta interesante en los vínculos en los que uno suele acomodarse en un rol y no salir de ahí.

  • El disparador de tus dos películas puede ser similar pero ¿que hay en El Tío que en Nosotros sin mamá no se ve?

Tal vez se puede ver un amor pasivo, una entrega diferente que Dalmiro puede hacer. Las películas, en general, funcionan como un lienzo que reflejan los temas que te inquietan.

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El Tío proyecta una historia de vida que puede ser la de cualquiera: pérdidas, duelos, embarazos no deseados, desempleo, promesas, deudas y algunos condimentos que se pueden encontrar en los entramados familiares. “Esa era la idea; insertarse en un escenario propio de familia del común de la gente”, afirma la directora.

Durante los 76 minutos que dura la película, no suceden grandes cosas. Nada sobresalta en la pantalla. Es decir, no hay un accidente, ni una discusión, no hay un parto, ni una escena de amor. De la muerte de Eliseo no se ve nada y, al mismo tiempo, se ve todo. La película simplemente ve correr la vida de los demás en los primeros meses de ausencia. Y ahí sí que se ve la muerte. Ya no tan morbosa ni sangrienta. Se ve la real perdida, la intangible, pero la más sentida.

La pregunta “¿qué pasa después de la muerte?” se tilda de existencial, porque se cree que solo tiene autoridad para responderla aquel que ya no va a poder hacerlo. Sin embargo, a través de esta película, se puede vislumbrar una posible respuesta.

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