La voz de la igualdad: cuando educar es combatir y el silencio no es el idioma

Por Agustina García

De cara al Día Internacional de la Mujer, se estrena una película que demuestra que la lucha por la equidad entre géneros es histórica. Basada en la vida de la abogada Ruth Bader Ginsburg, La voz de la igualdad es inspiradora e interpela a la sociedad en su conjunto: si se desea un gran cambio, hay que comenzar por desafiar lo que a cada uno le toca.

Ruth Bader Ginsburg se abrió paso en un mundo repleto de hombres y atestado de machismo. El film, que cuenta un hecho crucial de su historia tanto personal como laboral, no podía comenzar de otra forma: su traje y pollera azul resaltan en medio de una marea de varones, que también visten trajes, aunque con pantalón y corbata.

La voz de la igualdad se sitúa en la década del 50, en Estados Unidos. Es simple reconocer la época: los autos, las casas, la vestimenta, las costumbres, la discriminación, el machismo. Todo está perfectamente caracterizado.

En un contexto en el que no era normal que la mujer estudie, trabaje y sea independiente, Ginsburg -interpretada por Felicity Jones– decide dar el primer paso: se anota en la universidad con el objetivo de recibirse de abogada, al igual que su marido -personificado por Armmie Hammer-. “Si quieres cambio verdadero, camina distinto”, canta Residente.

Ruth decide labrar su destino profesional una vez que su vida personal ya tomó forma. En 1956, cuando hacía muy poco tiempo que las universidades permitían la presencia de mujeres dentro de su alumnado. No le es fácil articular ambos ámbitos, mucho menos en un mundo que entorpece, cuestiona y dificultad la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Sin embargo, esto no le impide a Ruth conseguir -y con honores- su título de abogada, pero sí poder ejercerlo. Miles de razones tan ridículas como machistas la alejan de la posibilidad de desempeñarse profesionalmente.

Cansada y frustrada, la protagonista se ve prácticamente obligada a desarrollarse como profesora de derecho en escuelas. De todas formas, desde aquel ámbito, con su carácter fuerte, tenaz e inteligente como principal herramienta, continúa luchando en pos de la equidad de género.

Su vida da un giro increíble cuando su marido le presenta la oportunidad de defender a un cliente en un caso de discriminación de sexo: se trata de un hombre al que no le permiten acceder a servicios sociales para su madre, porque quien lo pide es masculino. Hasta ese entonces, la ley establecía que la demandante en esos casos debía ser una mujer. Estigmatización, por supuesto. Ruth y su marido deciden tomar ese caso para visibilizar la desigualdad entre hombres y mujeres ante los ojos de la Justicia, a veces tan distantes de las verdaderas necesidades sociales.

Felicity Jones expone en pantalla grande un trabajo súper logrado: se ve a una mujer fuerte, inteligente, independiente y dueña de una personalidad arrolladora. Al mismo tiempo, también se asoma su costado más sensible, sus miedos y frustraciones. Armmie Hammer la acompaña de manera excepcional.

Dirigidos por Mimi Leder, no sólo transmiten una historia de vida atrapante e importantísima para la posteridad, sino también un mensaje inspirador, desafiante y emocionante que acierta y acompaña a este momento tan crucial que busca que la igualdad entre hombres y mujeres deje de ser una meta casi utópica.

Inspira, desafía, emociona; demuestra que todos los cambios importantes requieren de tiempo, trabajo y voluntad. Si hoy se levantan voces ante injusticias de género, fue porque tantas otras y mucho antes lo hicieron primero. Ruth Bader es una de ellas.

Ruth Bader Ginsburg: la vida entera dedicada a la lucha

Su carrera como abogada estuvo siempre abocada a la igualdad de género y llena de logros que enriquecieron la posición de la mujer. En 1972, fundó la sección de derechos de la mujer en la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles. Defendió los primeros casos de discriminación de género y ganó uno trascendental, el primero que consideró que tratar a un hombre y una mujer de manera distinta era ilegal.

Comenzó a desempeñarse como jueza en 1980. Aun hoy, a punto de cumplir 86 años, continúa siendo una de las voces liberales del Tribunal: votó a favor de la despenalización del aborto y el derecho de los homosexuales, y en contra de la pena de muerte. Debido a problemas de salud, es posible que próximamente deje su cargo en la Justicia.

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