Una semana nada más: el segundo round de la comedia

Por Agustina García

De jueves a domingos, una de las salas del teatro El Nacional se completa de espectadores preparados para ver la obra que protagonizan Nicolás Vázquez, Benjamín Rojas y Florencia Vigna. Sin ir más lejos, recientemente celebraron alcanzar los 50 mil espectadores. Dirigidos por Mariano Demaría y con la energía inagotable de Vázquez como pilar fundamental, Una semana nada más ofrece una típica comedia que intenta pelearle al éxito de El otro lado de la cama.

En plena Avenida Corrientes y en diagonal al Obelisco, la cartelera del teatro encandila y promete: Vázquez, Rojas y Vigna aseguran robar carcajadas cada diez segundos. No suena ambiciosa la propuesta si se considera que las figuras masculinas del show ya encabezaron el suceso teatral que, durante dos años, agotó localidades. El otro lado de la cama fue una obra completísima: humor, sensibilidad, música y grandes actuaciones. Una combinación que -comandada por el carisma de su líder- estaba condenada al éxito.

Una semana nada más es una típica pieza teatral de la comedia. Indudablemente hace reír, aunque no de forma tan cronometrada. Los artistas presentan una historia original: Pablo (Vázquez) y Sofía (Florencia) componen una pareja que convive hace cuatro meses. Ella, maniática del orden y la limpieza. Él, una persona súper relajada que no puede acostumbrarse a la forma de vida que su novia le exige. Ante esta situación, decide invitar a su amigo Martín (Rojas), para que irrumpa en la cotidianidad y quiebre la rutina que lo atosiga. El punto de inflexión sucede, pero no como lo planeó: los resultados son inesperados.

Vázquez es el dueño del escenario. Hace y deshace, se mueve de un lado al otro, exagera, grita, gesticula: se desvive. Rojas interpreta a una persona intelectual, dueña de un perfil muy bajo en comparación a su compañero. Su papel está muy bien logrado, aunque algo opacado por la fuerza que le imprime Vázquez a la totalidad de la obra. En su debut teatral como actriz, Vigna no se destaca. Tampoco tiene suficiente texto como para lograr un buen desarrollo del papel. Sin embargo, no le saca brillo a lo que le toca.

Ambientada en un departamento con características minimalistas, los actores se despliegan por el escenario durante casi dos horas. Al igual que en El otro lado de la Cama,  Vázquez se calza la obra al hombro y suda la camiseta. En cada final de función se toma el tiempo de agradecer a la gente y dedicarle unas palabras sentidas. Establece una relación empática y cercana con el público, y los espectadores le responden de inmediato. El éxito no es casualidad, lo ganó con El otro lado de la cama y lo disfruta en esta obra, que promete ser la próxima parte llena de risas garantizadas. Pero no lo es.

Es que Una semana nada más tiene sabor a segundo round. Pero no le alcanza; El otro lado de la cama le gana por knock out. La obra que se estrenó en el 2016 no sólo contaba con el doble de intérpretes en escena, sino que también con una calidad actoral mucho más alta y una historia contada de una manera más original.

“El teatro salva”, suele decir Nicolás Vázquez. A él lo salvo. A los espectadores de Una semana nada más, por lo menos, intenta resguardarlos.

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