Rojos Globos Rojos: una eterna lucha

Por Nina D’Abramo

El teatro es acción y reacción, emoción e interpelación, y qué es eso si no vida. Cuando un actor está en escena es cuando se siente más él mismo. Nada lo hace sentir más pleno que la mirada del espectador, percibir que su actuación conmueve al público. No poder hacer teatro significa la muerte. O, por lo menos, así lo siente el Cardenal cuando está arriba del escenario. Necesita transmitir vida a su público. Pero ahora, frente a nosotros, solo siente un tipo de emociones: tristeza, nostalgia, incertidumbre, frustración. Porque la muerte es no poder decir y el silencio avanza.

Rojos Globos Rojos nos sitúa en una meta-escena, en la que somos público del Cardenal (un magnético Jorge Lorenzo) y las Popis -personajes enigmáticos que emulan una suerte de coro griego- (interpretadas espléndidamente por Lorena Penón y Gabriela Perera). Este trío forma una pequeña compañía teatral del teatrito El Globo Rojo, el cual anunció su cierre pronto. El fin inminente y el desamparo de las últimas funciones llevan al protagonista a recorrer su historia; amores y desamores; carrera; fracasos y lo que significa ser actor y envejecer, siempre acompañado por sus Popis. Aquí subir el telón una vez más es un acto de resistencia.

Esta nueva adaptación de la obra de Eduardo “Tato” Pavlovsky se encuentra dirigida por Christian Forteza quien incluyó textos de otras obras del autor (La muerte de Marguerite Duras, Cerca¸ Paso de Dos, entre otras) para reconstruir el imaginario pavlovskiano desde un lugar mucho más certero. La puesta en escena de la obra consta de dos taburetes -en los que se sientan las Popis- y un escenario delimitado solo por una luz en el suelo. Esta puesta despojada refleja la pobreza del teatrito del Globo Rojo. Sin embargo, el vacío nunca se siente como tal gracias a las enormes actuaciones del elenco y gran trabajo de iluminación que acentúa el drama.

Cuando un libro es bueno, el mismo despliega diferentes sentidos en varias dimensiones. Al adentrarnos en la obra de Pavlovsky, encontramos que aquello que escribió tiene distintos niveles de resonancia para pensarlo hoy en día. En 1994, Rojos Globos Rojos buscó dar cuenta del vaciamiento cultural de la década del noventa. Veinticinco años más tarde, esta historia se repite frente al panorama de crisis económica que enfrentan nuestras instituciones artísticas hoy en día. Verla genera un gusto amargo de saber que ya pasamos por esto y aquí estamos, otra vez en la misma. Por otra parte, el personaje del Cardenal representa al macho porteño, ese que se hace el canchero y es un poco patético. Su decadencia en la escena puede leerse como un paralelismo al declive de un modelo cada día más desactualizado. Con un libreto, dirección y actuación sólidos, Rojos Globos Rojos nos invita ser parte de la eterna lucha, a veces cómica y a veces trágica, del teatro independiente.

Rojos Globos Rojos, de Eduardo “Tato” Pavlovsky. Dirigida por Christian Forteza. Con Jorge Lorenzo, Gabriela Perera y Lorena Penón. Vestuario: Mario Pera. Diseño de luces: Horacio Novelle. Música original: Elena Avena. En Espacio IFT, Boulogne Sur Mer 549.

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