El Enfermo Imaginario: el delirio del sufriente y la ridiculización del maltrato

Por María Singla

La enfermedad es la manifestación definitiva de nuestro cuerpo. Cuando el dolor, la rigidez y los ardores se vuelcan sobre nuestro organismo, la conciencia sobre uno mismo nos desborda y lo ocupa todo. Nada importa más que olvidarnos de la corporalidad que aprisiona y habilita al mismo tiempo. No importa si los padecimientos son reales o imaginarios, la fijación en nuestras dolencias muchas veces no da lugar a los deseos y necesidades de los demás.

La medicina no ha logrado erradicar el dolor de la faz de la tierra (entre muchas otras cosas que tampoco ha solucionado), pero lejos está hoy de ser la misma institución naciente que Molière ridiculizó en 1673 en El Enfermo Imaginario. Sin embargo, la estupidez de Argan, el protagonista obsesionado por sanar una afección indefinida, permanece vigente cuatro siglos después. El patriarca despótico pretende obligar a su hija Angélique a casarse con un médico para disponer de un erudito que le provea de consejos y brebajes que lo ayuden a vivir más y mejor, pero ella se ha enamorado de Cléante. Toniette, la criada de la familia y heroína de la puesta, es quien orquesta un plan para que, con ayuda de Béralde, el hermano de Argán, la mujer pueda casarse con quien realmente quiere.

La sirvienta, insolente y atrevida, es una bufona remixada: pone en peligro su trabajo para marcar, todo el tiempo y consistentemente, las contradicciones del relato de su patrón. Argan construyó dentro de su sufrimiento una especie de realidad paralela en la que sólo importan sus dolencias físicas pero también emocionales. En su delirio hipocondríaco, su esposa Bèline (Catherine Matisse); que consiente sus necesidades afectivas condescendientemente, es la única que se preocupa por él, mientras que en realidad está contando los días para que muera. La revelación de las verdaderas intenciones de su esposa es el detonante para que su sistema de creencias tambalee; quizás la medicina no es tan irrefutable como creía y las sangrías, enemas y lavajes son más perjudiciales que curativos.

La puesta en escena de El Enfermo Imaginario toma una nueva dimensión en la actualidad, cuando cada vez más personas se muestran escépticas respecto a la ciencia tradicional y se vuelcan a procedimientos -muchas veces peligrosos- con ningún respaldo evidencial. Ya en el siglo XVII Molière denunciaba los destratos y la deshumanización del ejercicio de la medicina, que muchas veces resulta un negocio en base a la desesperación de pacientes sin herramientas para discutir o repensar los mandatos de los profesionales. La ridiculización del paciente-marioneta y del médico investido de una autoridad ficticia pone en evidencia las grietas de la práctica, y habilita la construcción de nuevos tipos de intercambio entre las partes. Un enriquecimiento de los tratos entre profesionales y pacientes puede fortalecer el prestigio de la práctica en épocas en las que artículos de lifestyle recomiendan ayunar por quince días para “desintoxicar” el cuerpo y enfermedades erradicadas resurgen de las tinieblas porque cada vez más personas deciden no vacunarse.

Lo risible de la situación de Argán recae en que su situación es universal y diacrónica, todos experimentamos el dolor, el destrato profesional y/o el desasosiego que produce la falta de atención de quienes nos acompañan y no comprenden el sufrimiento, porque la salud también es emocional. La propuesta de Michel Didym se apoya en esa universalidad; los vestuarios no remiten a una época en particular, buscan reforzar los rasgos de cada personaje más que ubicarlos en un tiempo y un espacio. Salvo por una cortina que se vuelve traslúcida en distintos momentos de la puesta, el escenario no cuenta con mayores elementos, salvo una mesa, unos taburetes y una poltrona. El verdadero despliegue es de los actores, que no temen demostrar recursos de lo ridículo para mostrar una crítica mordaz a los modos de relacionamiento, y para confirmar que poco ha cambiado en cuatro siglos respecto a lo que es importante: sentirse bien, aceptado y querido.

  • El Enfermo Imaginario. Ficha Técnica: Actúan: Jean-marie Frin, Léo Grange, Pauline Huruguen, Catherine Matisse, Elizabeth Mazev, Barthélémy Meridjen, Bruno Ricci, Didier Sauvegrain. Vestuario: Anne Autran. Escenografía: Jacques Gabel. Iluminación: Joël Hourbeigt. Música: Laurent Causse, Jean De Spengler, Bertrand Menut, Marie Triplet. Dirección: Michel Didym. Autor: Molière. En francés con subtítulos. Teatro San Martín, Av. Corrientes 1530.

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