Alcanzando tu sueño: fluorescencia adolescente

Por Malena Fornés

La historia de Violet Valenski (Elle Fanning) es una fábula tan vieja como las fantasías capitalistas modernas: una joven con talento, de origen humilde; con sueños grandes pero atrapada en el pueblo chico; linda aunque no se la cree, inocente pero aguerrida, quien triunfa sobre la adversidad y se eleva hasta lo más alto; no sin derramar alguna que otra lágrima por el camino. Las películas dirigidas a los grandes públicos a menudo glorifican este argumento, que funciona como una exaltación de valores tales como la perseverancia, la integridad y la fe en uno mismo. El glamour está al alcance de la mano; la movilidad social sigue siendo posible, parecen decir. El mismo mensaje sobre el self-made man que siempre fue un favorito de Hollywood.

Pero si esta es la historia en términos de su infraestructura más esencial, el relato de Alcanzando tu sueño (Teen Spirit, como título original) se propone otorgarle una impronta propia y parece dar su mejor esfuerzo. El actor Max Minghella, que venía haciéndose un lugar nada desdeñable en producciones como El cuento de la criada o Red social, hace su debut como guionista y director con un film que aparenta funcionar más como un receptáculo para su experimentación estética que como fórmula exitosa. El guion es básico, tan simple como infinitamente reciclado. Pero es en la forma de contarlo desde donde Minghella parece estar indagando en esas materias primas que tiene a mano. El hijo del director Anthony Minghella (El paciente inglés, Regreso a Cold Mountain) decide incursionar en lo juvenil con una ficción que se nutre de ingredientes del musical y, claro está, del coming of age más elemental, aunque no llega a encuadrarla totalmente en ninguno de los dos grupos.

La película sigue las peripecias de la protagonista desde sus comienzos, como una apática adolescente en la pequeña Isla de Wright, hasta su paso por un programa de canto que se emite por televisión en el Reino Unido, el Teen Spirit del título. Se trata de una competencia con rasgos del formato reality (en la vena de The Voice o, para referencias más locales, Operación Triunfo), donde los participantes, desconocidos vueltos pseudo-celebridades de la noche a la mañana, tendrán la oportunidad de ganar un contrato millonario gracias al voto del público.

El film de Minghella no tiene ningún interés en la denuncia, ni pretende mirar a la masiva estructura de la música pop ni de los talent shows a través del vidrio oscuro, como lo hiciera en su momento la serie Black Mirror. Es más, la crueldad de ese mundo parece manifiestamente edulcorada. Queda sugerida apenas en las figuras de la empresaria discográfica Jules (aparición algo inesperada de Rebecca Hall) y su sonrisa demasiado perfecta, o del chico caprichoso convertido en un producto de fácil consumo. Pero no son más que esbozos, previsibilidades, que se desdibujan tan pronto como emergen.

El director decide concentrarse, por el contrario, en la belleza delicada de una amistad entrañable y pura como la que se teje entre Violet y Vlad (Zlatko Buric), arquetipo del artista que vio mejores días pero que encuentra una oportunidad de redimirse como mentor de la joven promesa. La relación entre ambos se plantea como el núcleo emocional que debe anclar el relato, y por poco lo logra. El actor yugoslavo entrega una interpretación enorme plena de matices y nos obsequia varios de los mejores momentos de la cinta. Por su parte, la hermana menor de Dakota Fanning (que ya puede dejar atrás ese mote a fuerza de una carrera propia cada vez más interesante y prestigiosa) se pone a cuestas no sólo las exigentes secuencias de canto y coreografía, sino también un par de acentos que no son su natural inglés norteamericano. Llevando la cara lavada y los equipos de gimnasia de esta chica británica de descendencia polaca, su presencia en la imagen es tan magnética como siempre. Fanning interpreta a Violet como si fuese un río congelado: la superficie puede estar rígida, inmóvil, pero debajo la corriente fluye vital y feroz.

Aunque la notable falta de profundidad del personaje protagónico podría ser una debilidad más de un guion formulaico, su actitud desapegada resulta reminiscente de los personajes femeninos a los que nos tiene acostumbrados Sofia Coppola (María Antonieta, Perdidos en Tokio). Más aún si a esto se le suman las recurrentes tomas que enmarcan a Fanning sola junto a una ventana que deja ver la gran ciudad, o contemplando el paisaje desde el asiento de un transporte público, auriculares incluidos (puestas que a esta altura funcionan casi como marca registrada de la directora). De hecho, las influencias estéticas más claras son quizá el cine de Coppola y el de Nicolas Winding Refn (Drive, The Neon Demon), quien también dirigió a Fanning y a Buric.

El film exhibe un gusto por los reflejos luminosos y por una paleta de colores vibrantes, obra de la directora de fotografía Autumn Durald (Palo Alto), quien desarrolló gran parte de su carrera fuera de los sets de cine y dentro de los de videos musicales (uno de sus más recientes trabajos fue en Sucker, de los Jonas Brothers). El resultado es una producción con todo el delirio fluorescente que tenía una película como Electrick Children (2012), pero con muy poco de su provocación.

Aunque se supone que se trata de un relato situado en la contemporaneidad, Minghella opta por mantener el año exacto en el que transcurren los hechos lo más ambiguo posible (por ejemplo, casi no hay celulares a la vista). Alcanzando tu sueño irradia nostalgia de neón. La misma romantización de unos idealizados años ochenta que despiden muchos films actuales, en especial aquellos orientados a las generaciones que ni siquiera habían nacido cuando John Travolta daba sus primeros giros frente a la cámara en una pista de baile o ABBA resonaba en las discotecas. Y de la mano del efecto de nostalgia, aparece un gusto por la melancolía bajo la cual todo se tiñe de tristeza poética y hasta el éxito tiene un sabor más bien agridulce.

Al final, todo pareciera moverse robóticamente, en piloto automático. Como si un algoritmo combinara una lista de Spotify llena de hits pop de hace un par de años con una serie de escenificaciones fotogénicas muy atractivas (como ocurre cada vez que Fanning comienza a cantar, cuando la película muta y el montaje adquiere una forma que tiene más que ver con los códigos del videoclip).

O al menos así es hasta la escena que constituye el clímax: la actuación decisiva de Violet previa a la votación final, televisada en vivo. En su trayecto desde el camarín hasta el escenario, la cámara la acompaña y se queda con ella durante casi dos minutos, sin cortes. No hay música, tan solo el roce de pasos de ayudantes y técnicos que cruzan el pasillo, y el bramido de la multitud, amortiguado por la distancia. Es clara la intención de Minghella: hacer partícipe a la audiencia del paso del tiempo, durante esos momentos tortuosos de anticipación. Y aunque el recurso de la toma larga no innova mucho en este sentido, es efectivo. Tras su performance, Violet se deja ganar por la emoción y por poco se viene abajo, vencida por el estrés, el miedo, por el peso de sus propias ilusiones. La película, por fin, respira, y se siente viva por primera vez en 90 minutos. Lástima que, para entonces, todo esté tan cerca de terminar.

  • Alcanzando tu sueño (Teen Spirit). Dirección: Max Minghella. Guion: Max Minghella. Elenco: Elle Fanning, Zlatko Buric, Agnieszka Grochowska, Rebecca Hall. Dirección de fotografía: Autumn Durald. Música: Marius De Vries.

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