Que sea ley: relatos en primera persona

Por Nina D’Abramo

Algo de la magnitud y el magnetismo de la vigilia del 13 de junio de 2018, frente al Congreso de la Nación, llamó la atención de Juan Solanas. La mañana siguiente, luego de la aprobación de la media sanción de la ley de ILE, el director decidió que debía registrar ese movimiento histórico. Casi por inercia, Solanas comenzó a filmar las marchas por el aborto legal, sin saber bien qué hacer luego con ese material. Con el transcurrir de los días, aquello que empezó con el realizador simplemente capturando las manifestaciones feministas en las calles, mutó en un proyecto más grande, el cual lo llevó a recorrer más de 4000 kilómetros de la Argentina. Menos de un año después, en mayo de 2019, ese proyecto −ahora titulado Que Sea Ley− se estrenó en el festival de Cannes.

Capital Federal. Bullicio, agitación. Tambores, gritos, cantos, bailes, pañuelos verdes y kilos y kilos de glitter. La ley pasó Diputados y solo falta Senadores, las chicas están felices, el panorama se presta para tener esperanza. Una marea verde inmensa inunda el centro porteño. Miles de niñas, adolescentes y adultas festejan al ritmo de: “Y ahora que estamos juntas. Y ahora que sí nos ven”.

Como contrapunto, un silencio estrepitoso. Ahora la cámara está lejos de Buenos Aires, se adentra en un pueblo de calles de tierra, de niños descalzos y de pobreza inefable. Es Santiago del Estero pero también es Santa Fé, Tucumán, Salta y el conurbano bonaerense. No hay narrador ni entrevistador, solo mujeres sentadas frente a cámara, contando sus historias de aborto clandestino. La imagen nos enfrenta con sus rostros en primer plano y el sonido, con sus voces que cortan el espeso silencio. Ya no hay cantos ni consignas, solo testimonios de personas reales. Testimonios que exceden ideologías y debates, pruebas de una realidad descarnada. Feminismo sin marco teórico.

A veces sutilmente, otras veces de forma más llana, las imágenes también develan lo que rodea al aborto clandestino: pobreza, clasismo, racismo, misoginia, moral católica y una larga lista de etcéteras. Cada una de estas problemáticas amerita un film completo, o varios, tal vez, nunca serían suficientes. Algunos pensarán -y no estarán equivocados- que la película muestra estos temas, infinitamente complejos, de manera superficial. Sin embargo, ese no es el punto. Éste parece estar, no en brindar respuestas; sino en abrir la mayor cantidad de preguntas posibles. Solanas sabe que un documental nunca podrá reemplazar al debate, por lo tanto, no intenta superarlo, sino expandirlo. En ese sentido, la película logra su objetivo, Que sea ley dice: “Esto es así, esto está pasando”. El espectador podrá luego formar su opinión sobre esa realidad, pero ya no podrá ignorarla. 

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