Retrato de propietarios: decodificar la libertad

Por Catalina Heredia

Los gatos usualmente suelen ser retratados pictóricamente como animales independientes, siendo protagonistas de una vida sumamente autónoma y bregando por la autosuficiencia. Bajo esta premisa se configura Retrato de propietarios, y a través de estos animales es que se desarman múltiples argumentos para intentar responder a los interrogantes acerca de qué es la libertad y de cómo se establece.

En la opera prima de Joaquín Maito (codirector del documental El estado de las cosas, en 2016) la presencia humana se formaliza bajo estructuras de trabajo, rutina y jerarquización. Mientras que la presencia gatuna devela un paisaje que abandona las rectitudes instituidas por sociedades normalizadas. Lo abandonado se termina por desestructurar y crea mecanismos entrópicos que obligan a las organizaciones sociales a mutar: los gatos se emancipan y se mueven en grandes grupos divulgando un mensaje en forma de señal sonora, que viaja a través de las antenas del mundo incitando a la liberación.

El sonido es de gran importancia en el film porque teje un hilo conductor entre plano y plano. A las imágenes de gatos y perros (callejeros y domésticos) se les superpone un chirrido agudo que funciona como un mecanismo clave: une situaciones que retratan animales emancipados y animales presos. El maullido furioso del grupo gatuno es procesado para sonar casi “electrónico”, como si fuera un mensaje inentendible codificado en forma de datos a modo de ondas electromagnéticas. Se decodifica, entonces, como un reclamo de sublevación que llega a su destino para ser escuchado por miles de animales cautivos dominados por el edicto ajeno.

Entre los pasajes plenamente sonoros que se representan en la película, se moldean, también, secuencias que remiten a ensoñaciones del mar, del agua. En Retrato de propietarios el sueño es desestructura y el movimiento, el agua y los peces son los remitentes de un anuncio que habla de una desconfiguración espacio-temporal. No es casualidad, puesto que el territorio suele desdibujar sus límites bajo el agua. ¿Quién es amo y quien es esclavo? ¿Quién es propietario y quien es propiedad? ¿Hasta qué punto se circunscribe el desplazamiento de un cuerpo encerrado, dócil, domesticado?

Los avisos pegados en paredes y postes que inquieren por el paradero de los animales perdidos se convierten en los antiguos carteles de “se busca”, que condenaban al sujeto de la foto a su destino de prisión. Dictan sentencia sobre aquellos que escapan hacia la autonomía de la emancipación, hacia un mundo otro en el que las directrices humanas no establezcan la ley y el orden.

Los propietarios modelan sus propios retratos mediante lo que llaman su “propiedad” y ordenan una imagen de si mismos que se dispone partiendo de qué leyes imponen por sobre lo que les pertenece. ¿Cuál es la moraleja de esta fábula contemporánea? Los gatos dominarán el mundo.

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