Serrat y Sabina: los dos no es igual que uno más uno

Por Agustina García

Siete años después, los artistas españoles volvieron a cantar juntos en un nuevo capítulo de sus icónica giras, esta vez bautizada No hay dos sin tres. Tras cuatro funciones repletas en Capital Federal, continuaron por suelo argentino: se presentaron en el Orfeo de Córdoba. Ni hay dos sin tres ni el Mediterráneo y el Rio de la Plata están a cientos de kilómetros de distancia cuando estos pájaros andan sobrevolando.

“Y ustedes se preguntarán, ¿qué estamos haciendo aquí?”, indaga Joaquín Sabina luego de pisar el escenario. Joan Manuel Serrat intenta esbozar una respuesta en medio de una ovación que los tiene como destinatarios. “Lo cierto es que, como ya saben, en Europa hay una crisis, una fuerte recesión y una elección tras otra. Nos dijeron que en Argentina encontraríamos un lugar estable”, continuó. Hay dos cosas que estos cantautores no saben ni pueden abandonar: la música y el humor tan particular y característico. “También aquí es primavera”, agrega Sabina y remata: “Y trabajando la mitad, ganamos el doble”.

Las avenidas porteñas Corrientes y Dorrego están atascadas de tanto tráfico y personas que vienen y van, palpitando lo que acontecerá unas horas después. Justo al lado de la cancha del Club Atlanta, se levanta el nuevo estadio Movistar Arena, que luce una arquitectura imponente rodeado de luces imposibles de esquivar con la mirada. Su interior no desafina: es realmente amplio y enorme en todas sus dimensiones. No fueron los cantautores españoles los encargados de estrenarlos, pero casi: el 1 de noviembre lo inauguró Tini Stoessel. Las otras cuatro funciones restantes estuvieron a cargo del catalán Serrat y el andaluz Sabina

La primera gira que hicieron en conjunto tuvo lugar en 2007, bajo el nombre Dos pájaros de un tiro. Repitieron en 2012, pero con otro sello, Dos pájaros contraatacan. Después de varias presentaciones como solistas, decidieron volver a reunirse. Quizás la razón sea la que admitieron con risas. Pero, el verlos juntos arriba de un escenario donde no cabe tanta complicidad, lo refuta: se saben amigos, libres, pájaros que decidieron unirse otra vez para lo mejor que saben hacer.  Sera que así nació entonces No hay dos sin tres, nombre acorde a los tours que le precedieron.

El show comienza minutos antes de la entrada triunfal, y para esa introducción hay un invitado especial: Ricardo Darín, actor y casi embajador de Argentina en España. Su voz es la encargada de narrar una historia que se grafica mediante un video. Una historia de dos pájaros que, cuando llega el momento del año, deben emigrar. Contrarios al resto de la bandada, deciden hacerlo de una forma particular que fracasa en el intento: terminan en suelo desconocido. “No hables mucho, a ver si nos piden todos los papeles que les piden en España a los inmigrantes”, lanzan. “A ti Serrat, ¿te gustaría ser argentino?”, pregunta el pájaro que calza el bombín inconfundible de Sabina. Joan Manuel versión pájaro canoso le responde: “Por emoción, sí. Pero en lo particular no sé. Pero no importa porque aquí todos tienen seguro dos o tres nacionalidades”.

El sketch termina con una cortina de aplausos; Joan Manuel Serrat y Joaquín Sabina salen a encontrarse en el medio del escenario y darse un apretón de manos para sellar todo lo que ocurrirá. Con 75 y 70 años respectivamente, y más de 40 en la música, parados en el medio del escenario saludando al público parecen instituciones.

Por supuesto no faltaron las canciones más populares de cada cantautor: Y sin embargo; 19 días y 500 noches; Y se hicieron las 10 y las 11; Princesa; Mediterráneo; Hoy por ti mañana por mí y Hoy puede ser un gran día, entre miles más.

Cada cantante se adueñó de ciertos momentos durante el show y tuvo el escenario completo para una de sus canciones. En esos episodios, aprovechaban para hablar el uno del otro.

Se quisieron despedir con Y sin embargo, pero no pudieron. Volvieron para cantar dos clásicos eternos: Noches de Boda y Contigo. Aplausos, ovación, abrazos: el público no se conformó y pidió una más. Se sabía cuál faltaba.

Salieron nuevamente a escena, Sabina se sentó en una mesita donde posaba un champagne y dos copas, compañeras infalibles. Serrat agarró el micrófono y entono: “Uno se cree que las mató el tiempo y la ausencia, pero su tren vendió boleto de ida y vuelta, son aquellas pequeñas cosas”.

“Que nos dejó un tiempo de rosas”, remato Joaquín. Se despidieron tal cual se presentaron: entre aplausos, risas, miradas y sonrisas cómplices. Que todas las noches sean noches de recital y que su tren tenga boleto de vuelta.

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