La Falchafarra: cómo huir de una vida normal

Por María Singla

Pepe (Gustavo Reverdito) decide emprender un camino que lo convierta en un hombre nuevo, despojado de todas las formas que lo definen y limitan. A los treinta y tantos años, ha tenido que volver a la escuela. Harto de la infantilización, se propone profundizarla, aprender desde cero todas las cosas que daba por hecho y detrás de las cuales esconde su vulnerabilidad.

Basada en la novela del escritor polaco Witold Gombrowicz, La Falchafarra de Alfredo Martín relata el viaje casi antropológico de Pepe junto a su amigo Polilla (Milton de la Canal), un estudiante con la inocencia y el idealismo de sus 17 años.

Durante su expedición hacia el campo, la dupla busca descubrir un verdadero peón. Polilla se encandila con su cuerpo de categorías listo para ser aplicado, con la ilusión de poder acercarse a esa existencia que en realidad desconoce completamente.

En el camino esperan y buscan no se sabe bien a quién, al lado de un árbol solitario, un guiño al absurdo de Esperando a Godot. Pero ellos, a diferencia de los personajes de la obra de Beckett, no se quedan mucho tiempo esperando. La tía de Pepe, Hurlecka (Rosana López), una aristócrata dueña de tierras, hombres y mujeres, los rescata de una jauría de ridículas personas-fiera.

El encuentro con su familia desnuda todas las contradicciones de la etiqueta, las formas, las máscaras, que van cayendo una a una en la intimidad. Los ricos explotan a los pobres para legitimar su poder, pero son los pobres los que se ríen de ellos.

El primo de Pepe, Alfredo (Julian Bellegia), se ríe de la relación que Polilla entabla con Quique (Ángel Blanco). Lo condena y lo encuentra inadmisible, pero por las noches se esconde con Josefa (Natalia Chiesi), que soporta sus embestidas con humor y resignación. Isabel (Luciana Procaccini) esconde detrás de una pretendida inocencia y una etiqueta de aristócrata pueblerina una sexualidad latente que la desborda cada vez que ve a su recién llegado primo.

Polilla está encandilado con su peón, con quien entabla una amistad en caja de petri. Analiza su vida, la pone bajo el microscopio, la juzga con su vara pequeñoburguesa, con sus herramientas de académico de ciudad. Polilla transgrede las normas de su clase y desata la ira de los ricos.

Pepe se propone ser una tábula rasa. No tiene opinión sobre nada, nada le parece bien o mal. Ve las contradicciones de los dos lados del poder y se coloca, no en un punto medio o en la tibieza del degradé, sino en la nada. En las afueras, en el exterior.

No ser parte del ping pong de intereses le permite no ser cómplice de una estructura de falsedad y abusos, pero también le permite desembarazarse de culpas. Lejos de ayudar a su amigo o simpatizar con sus tíos, huye con Isabel, a quien finalmente también abandona.

Los inescrupulosos se escapan de sus ataduras sin remordimientos.

  • La Falchafarra. Sobre textos de: Witold Gombrowicz. Dramaturgia: Alfredo Martín. Actúan: Julian Belleggia, Angel Blanco, Marcelo Bucossi, Emanuel Cacace, Leandro Cáceres, Luis Cardozo, Natalia Chiesi, Milton De La Canal, Rosana López, Luciana Procaccini, Gustavo Reverdito, Matías Sanchez Sanda.

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