Parásitos

Por Nina D’Abramo

Con la entrega de los Oscars a la vuelta de la esquina, la carrera por el premio a la mejor película está peleada entre cuatro títulos que vienen cabeza a cabeza: las exitosísimas Había una vez… En Hollywood y Guasón; 1917 -el drama situado en la primera guerra mundial, que se estrena la semana próxima en nuestro país-; y la sur-coreana ganadora de la Palma de Oro en Cannes, Parásitos. Más atrás en la carrera quedan las excelentes El Irlandés, Mujercitas e Historia de un matrimonio, con menos chances, pero sin perder esperanzas.

Recién llegada a las salas argentinas, Parásitos reafirma que Bong-Joon Ho es uno de los directores más importantes de nuestro tiempo. Luego de trabajar temas como la contaminación del río Han en Seúl (The Host, 2006), el cambio climático (Snowpiercer o El expreso del miedo, 2013) y la producción industrializada de la ganadería (Okja, 2017); el sur-coreano trata la vida bajo el capitalismo en su nuevo film.

La premisa de la película es bastante sencilla, en primera instancia: la familia Kim es pobre. Viven en un departamento húmedo a la altura de un sótano, donde el hijo mayor, Ki-woo (Choi-Woo Shik) y la menor, Ki-jung (So-Dam Park) sostienen sus celulares en lo alto para intentar conectarse a alguna red Wi-Fi gratuita. Mientras tanto, su madre, Chung-sook (Hye-jin Jang), intenta doblar una cajas de pizza de cartón. Cuando fumigan la calle, el padre, Ki-taek (interpretado por el ya legendario Kang-ho Song), le dice a su hijo que deje la ventana abierta para aprovechar la fumigación gratis. Envueltos en un gas blanco insecticida, los cuatro Kim arman cajas de pizza prefabricadas por centavos, los únicos que ganarán ese día.

Sin embargo, la suerte de los Kim cambia cuando un amigo universitario de Ki-woo –se da un especial énfasis en marcar la diferencia entre jóvenes y jóvenes universitarios- le cuenta que se irá a estudiar a Estados Unidos. Antes de irse, el amigo le ofrece al joven Kim que lo reemplace como tutor de inglés de una niña rica. Con documentos universitarios recién falsificados, Ki-woo se presenta como nuevo tutor de la hija mayor de la familia Park. Poco a poco, la hermana de Ki-woo comezará a ser profesora de arte del hijo menor de la familia y su padre se convertirá en chofer del Sr. Park. Todo esto, de manera engañosa y sin revelarle a la familia rica su parentesco. En cuestión de semanas, los Kim se instalarán en las entrañas de la casa Park y vivirán de ella.

Con el manejo visual excepcional y la escritura filosa que caracterizan a Bong, junto con la actuación estelar de todo el elenco –falta mencionar a Sun-kyun Lee y Yeo-jeong Jo como el Sr. y Sra. Park, respectivamente- Parásitos mezcla comedia negra, drama, thriller, terror e incluso el género de atraco estilo La gran estafa. El film construye imágenes claras y precisas de las dinámicas y desigualdades entre las distintas clases sociales que conllevan un crudo y sagaz comentario sobre la vida bajo el capitalismo. Un gran logro de la cinta es conciliar el comentario social inteligente y reflexivo sin dejar de lado la excelencia técnica y visual; como suele suceder en muchos casos donde se privilegia “la crudeza” del contenido por sobre la forma de filmar. A su vez, la crítica al sistema no entorpece el relato, sino que nace de él, se infiltra en cada nueva vuelta de tuerca. “Es tan metafórico”, dicen los personajes vacíamente una y otra vez.

De alguna manera –acá viene el comentario polémico gratuito- Parásitos es todo los que Guasón quiso ser y no pudo. Es decir, estos films comparten la misma temática general: las consecuencias de un sistema que deja de lado a algunos individuos de su sociedad. Sin embargo, la forma en que se desarrolla esta problemática en cada caso es completamente distinta. La divertencia entre Guasón y Parásitos es la diferencia entre una buena y una gran película. Una no tan buena película explicita su mensaje sin más. Por ejemplo, el Guasón dice lo que la película quiere expresar, no hay tensión, no hay alusión, no hay sutileza, no deja espacio a la imaginación o los malos entendidos. Usa una manera vaga de seguir con el relato sin detenerte en desarrollar las ideas que se están planteando y una salida fácil al problema de la interpretación. Una gran película, como Parásitos, en cambio, no “dice” lo que quiere decir, lo muestra, lo hace presente en la articulación de cada secuencia, cada escena, cada acto.

Recientemente, le preguntaron a Greta Gerwig: “¿Qué es el cine?”–es decir, el buen cine-, a lo que la directora respondió que “lo reconocés cuando lo ves, es ineludible”. En este sentido, al ver Parásitos, el público podrá reconocer que es cine, así subrayado, o cine en negritas, es decir, el cine cine, como quién no quiere la cosa. O tal vez no, no hay que tomarselo tan en serio, dejemos eso al Guasón.

Finalmente, el factor más negativo que tiene en este momento el film es el hype –las expectativas- generadas alrededor de ella. Aclamada universalmente, varios sitios la están nombrando la mejor película narrativa de la historia. Se puede decir que Parásitos es inteligente y hermosa sin dejar de ser entretenida nunca. También, es de lo mejor de 2019 –con mención especial a Retrato de una mujer en llamas, con quién disputa el primer lugar- y, para quienes aún le tengan miedo a ver películas coreanas, es una gran manera de empezar y animarse a conocer uno de los cines más interesantes de las últimas décadas.

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