Mujercitas: la reinvención de un clásico en la pantalla

Por Nina D’Abramo

Greta Gerwig es considerada la cara de la nueva escuela norteamericana de cine independiente de los años 2000. Como actriz, protagonizó algunos de los films más importantes del mumblecore como LOL (2006), Hannah Takes the Stairs (2007), Baghead (2008), Frances Ha (2012) y Misstress America (2015). Además, participó como coescritora, coproductora y codirectora en otros tantos títulos de este movimiento inspirado en la nueva ola francesa y el cine de Jim Jarmush y Woody Allen.

En 2017, estrenó Ladybird, la primera película enteramente escrita y dirigida por la joven californiana. Como era de esperarse, la cinta siguió los lineamientos del mumblecore y los anteriores proyectos de los que había sido guionista: un film de –relativamente– bajo presupuesto, con grandes actuaciones y diálogos naturalistas que trata los problemas de la vida de una protagonista femenina, las dinámicas entre las relaciones de mujeres –amigas, madre– y una historia de coming of age gracioso, inteligente y bien personal.

El éxito rotundo de su debut puso a Gerwig en el mapa como la it girl del cine indie y el mundo estaba expectante por saber cual sería su siguiente paso. Lo que sin dudas nadie se esperaba era que su próximo proyecto sea  un drama de época y la adaptación de un clásico de la literatura norteamericana. Sin embargo, ahora que Mujercitas llegó a nuestras salas, podemos entender qué la llevó a tomar este proyecto y cómo no podría haber sido de otra manera.

En primer lugar, Sony había contratado a la norteamericana en 2016 para escribir el guión de una nueva producción de la novela de Louisa May Alcott que estaba preparando. En 2018, tras el éxito de su opera prima, fue solo una decisión obvia ofrecerle dirigir el proyecto a la joven directora. Gerwig, por su parte, tenía buenos motivos para decidirse por dirigir este film. En primer lugar, es un clásico amado por generaciones, un libro feminista antes del feminismo y el favorito de la directora. En segundo lugar, es también un coming of age protagonizado por mujeres que se centra en las relaciones y dinámicas entre personajes femeninos. En tercer lugar, aunque el clásico de Alcott fue adaptado para televisión, teatro, ópera e incluso una serie de animé –es cierto, googléenlo- ; en lo que al cine respecta, solo existen cinco versiones de Mujercitas. De las cinco versiones, una se considera perdida (1917) y otra es cine mudo (1918), las otras tres son de 1933, 1949 y 1994.

Ahora bien, cuando un film trata un tema muy representado, lo primero que se puede preguntar es si este aporta algo nuevo al respecto. Es decir, si actualiza, adapta o recupera algún aspecto del tema que no haya sido plasmado hasta ese entonces. Para responder esto, se puede tomar el trabajo de ver las tres adaptaciones anteriores del libro de Alcott.

La versión del ’33, en blanco y negro, es protagonizada por Katharine Hepburn -que no es Audrey Hepburn- como Jo March. Con todo el respeto que se merece, el papel de adolescente no encaja con sus casi 30 años y más de metro setenta de altura. Por otra parte, la adaptación del ’49 fue filmada a color y principalmente en estudio. Esta, tal como la del ’33, utiliza actrices adultas para representar a las niñas de la historia, lo cual resulta bastante ridículo. Como dato curioso, en el film del ’49, Beth es la menor de las hermanas y Amy es mayor que ella. Tal vez esto se debe a que consiguieron a una jovencísima Elizabeth Taylor para que encarne el papel de la rubia caprichosa Amy y no lo querían desperdiciar.  En fin, ambas transposiciones del libro envejecieron bastante mal y no son muy rescatables.

Tuvieron que pasar 45 años más para que la historia de las hermanas March vuelva a la pantalla, en 1994. La tercera transposición del libro es protagonizada por la maravillosa Winona Ryder como Jo, Claire Danes como Beth y una muy pequeña Kirsten Dunst como Amy, junto con Christian Bale como Laurie y Susan Sarandon como Marmee, la madre de las mujercitas. Esta adaptación, dirigida por Gillian Armstrong, fue la actualización necesaria y merecida del clásico. En ella, el elenco fue mucho más apropiado para encarnar a los personajes: se prioriza la relación de Jo con Laurie –y sí, son los ’90, ¿cómo un film sin un personaje masculino importante?–; se descuida un poco demasiado la historia de Beth; y Marmee tiene la mejor representación de todas, como una mujer inteligente y combativa, una inspiración mucho más tangible para Jo que en el resto de las versiones, incluyendo a la de 2019. Aunque ampliamente mejor, esta adaptación comparte con sus antecesoras una forma de representación conservadora, respetando fielmente el orden cronológico de la trama.

Antes de adentrarnos de lleno en Mujercitas (2019) vamos a repasar la trama brevemente para refrescar la memoria –no hay spoilers, la historia tiene 150 años–. Entonces, el tiempo es la guerra civil norteamericana y el lugar es un pueblo de Massachussets. Cuando el padre de familia se ofrece como voluntario para la guerra, la mujeres de la familia March quedan por su cuenta para sobrellevar los duros tiempos que se viven. En la casa habitan Marmee (Laura Dern), la madre y cabeza de la familia, y sus cuatro hijas: la mayor y más tradicional Meg (Emma Watson –el papel era para Emma Stone pero tuvo que rechazarlo por problemas de agenda); la rebelde escritora y protegonista Jo (Saoirse Ronan, cuatro veces nominada al Oscar); la del corazón de oro, la tímida Beth (Eliza Scanlen -Amma en Sharp Objects– le hace justicia a Beth por primera vez en pantalla) y la pequeña y caprichosa Amy (Florence Pugh reafirma que es una gran actriz luego de romperla en Midsommar). Las hermanas viven las peripecias del día a día de unas niñas/adolescentes de la época, se pelean, arreglan, hacen amigos y actúan obras de teatro escritas por Jo. La historia las sigue cuando niñas y, luego también, como adultas siete años más tarde, con Meg casada, Jo viviendo en Nueva York y Amy estudiando en Francia, acompañada por la vieja tía rica March (Meryl Streep).

Finalmente llegamos. Mujercitas 2019 es la mejor adaptación al cine de la novela del homónima. La versión de Greta Gerwig es simplemente superior en las actuaciones, la fotografía, el guión, la cinematografía, la banda sonora y los vestuarios. Es la versión definitiva del clásico. En contraste con las anteriores, la nueva Mujercitas ofrece una relectura actualizada para los tiempos que corren y, en algún sentido, el film parece estar hecho para quienes ya conocen la historia. Es que la directora optó por un relato dividido en diversas líneas temporales que van y vienen a lo largo del film, lo cual puede ser confuso para quién no tenga bien fresca la trama en su memoria -en ese caso, recomendamos ver la versión de 1994, antes-.

Esta manera de contar la historia convierte a las distintas escenas clásicas de la novela en una serie de episodios almacenados en la memoria de Jo, que funciona algunas veces mejores que otras. Es decir, algunas escenas parecen un poco aisladas mientras que otras toman una dimensión mucho más emocional al ser dispuestas una al lado de la otra. Como es el caso de –spoiler alert de algo publicado hace 150 años– la escena de la muerte de Beth, seguida del casamiento de Meg; dos momentos que, aunque distantes cronológicamente, para Jo representaron la pérdida de una hermana.

Como era de esperarse, Mujercitas es un film de actuaciones y se centra en los personajes femeninos. Dispone de mucho menos tiempo de Laurie y mucho más de Amy –a comparación con la de 1994-, y las escenas con Friedrich –el pretendiente de Jo- son tan escasas que podría más bien no haberlas usado. Florence Pugh y Saoirse Ronan se roban la película con sus dotes cómicos y su química indiscutible. En cambio, Timothée Chalamet no termina de encajar como Laurie. No es su culpa, solamente hay algo demasiado contemporáneo en él como para que lo tomemos como un joven de 1800. Y mientras Eliza Scanlen hace un trabajo excepcional como la callada Beth, Emma Watson no aporta nada interesante a Meg –de todas maneras es la hermana más aburrida-. Finalmente, aunque Laura Dern le imprima calidez y amabilidad infinita a Marmee, su rol es bastante reducido comparado con el de Sarandon del ’94. 

La segunda película de la reina del indie es conmovedora, emocionante, graciosa y visualmente hermosa, digna de verse en pantalla grande. Sin embargo, podría haber sido más audaz. Mujercitas no necesariamente debía ser irreverente e infinitamente cool, como María Antonieta (2006), de Sofía Coppola, o un pastiche bizarro pero sorprendentemente genial, como Moulin Rouge (2001), de Baz Luhrmann. Pero tampoco debía ser un drama de época tan respetuoso de su texto fuente como lo es. La directora norteamericana tiene sus fuertes como guionista y como directora de actores y, una vez más, se destaca en esos frentes. En comparación con estos aspectos, sus decisiones de puesta en escena son mucho menos interesantes. Aunque sea odioso, es entendible por qué este film fue nominado en tantas categorías excepto mejor dirección en los Oscars. De todos modos, esto no quita que sea una película hermosa y un drama de época fuerte. Simplemente, no es un paso contundente en la consolidación del estilo de Greta Gerwig detrás de cámara. O, por lo menos, no el que se esperaba.

  • Mujercitas. 2019. 135 min. Dirección: Greta Gerwig. Guión adaptado: Greta Gerwig. Basado en Mujercitas de Louisa May Alcott. Producción: Amy Pascal, Denise Di Novi, Robin Swicord. Música: Alexandre Desplat. Elenco: Saoirse Ronan, Florence Pugh, Emma Watson, Eliza Scanlen, Timothée Chalamet, Meryl Streep, Laura Dern.

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