Feel Good: breve pero intenso

Por Chiara Zullo Salvucci

Corta pero intensa, la nueva miniserie de Netflix, dirigida, guionada y protagonizada por la comediante y actriz canadiense Mae Martin, aborda temas sociales como las familias disfuncionales, las relaciones tóxicas, la dependencia emocional y las adicciones. Mae se enamora de una mujer heterosexual mientras lidia con su problema de adicción y su pasado.

Aunque la trama es bastante básica, lo que vuelve a Feel Good distinta a otras producciones lesbicas es el toque humorístico que le aporta la directora a cada episodio. Martin delinea su propio alter ego en esta producción y, acompañada por Charlotte Ritchie -quien interpreta a su pareja-, muestra los altibajos que sufren las relaciones nuevas y destapa cómo funcionan las relaciones colmadas de dependencia emocional.

El principal conflicto en la pareja surge cuando se dan cuenta de que se ocultan partes de su vida, por miedo al rechazo. Más adelante, logran entender que su relación es perfecta solo dentro de su habitación. A lo largo de seis episodios, el público acompaña a esta dupla en sus porvenires, admirando cómo lidian con su pasado y presente.

La serie avanza con un ritmo casi perfecto y la participación de Lisa Kudrow (Phoebe en Friends), como madre de Mae, ayuda a darle el humor necesario, con diálogos intensos entre madre-hija. Los problemas que lleva Mae a su casa, como su adicción, y cómo se sienten sus padres respecto a su sexualidad son dos aristas que se tocan en la serie y que llevan a empatizar con esta pequeña pero divertida familia.

“Si no son las drogas es el teléfono, el sexo o la mentira. Cambiamos una adicción por otra”, reflexiona Martin en una de sus tantas sesiones de terapia grupal con un grupo de adictos. Esta frase muestra claramente que la protagonista siente el deseo imperioso de recibir constantemente atención.

Además de los problemas que conllevan las drogas, otro tema que se plantea -casi al final de esta espléndida serie- es la fluidez de los géneros, cuando la protagonista se describe a sí misma como mitad hombre-mitad mujer. Con su cabello corto al estilo Ellen DeGeneres, logra que en las tres horas de duración de la obra los espectadores se encariñen con ella y su relación, al punto de celebrar sus triunfos, llorar sus peleas y desear que las dos chicas terminen juntas porque, al final, parece que es lo que les hace tan bien como mal.

Una serie que hace sentir bien, como indica su título, y que ojalá estrene otra temporada con actuaciones tan carismáticas como estas. Una serie que recuerda que la dependencia emocional y las relaciones tóxicas pueden mejorar, siempre y cuando se esté dispuesto a cambiar.

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