Los rostros del diablo: no apta para impresionables

Por Evelyn Cantore

Los rostros del diablo, Metamorphosis su título internacional y Byeonshin el original. Cuenta la historia de la familia surcoreana Kang-Gu, que al mudarse a un nuevo hogar comienza a experimentar eventos muy extraños.

Apenas terminan de acomodarse, un espíritu maligno se infiltra en la casa en busca de un nuevo rostro, momento en que se da el inicio de las situaciones que ponen en peligro a todos los integrantes de la familia. La armonía del hogar es interrumpida muy rápidamente; madre y padre parecen ser dos personas desconocidas, lo mismo sucede con las hijas y el hijo.

¿Quién es quién en este siniestro y particular juego de roles que surge de manera repentina? La violencia se desata, todos los integrantes de la familia son el enemigo, nadie es quien parece ser. Incluso su vecino tiene una apariencia dudosa; de pronto nadie es lo suficientemente confiable. 

Es momento de recurrir al método clásico en toda la película que se clasifica dentro del género terror: un exorcismo. Para eso, la hija mayor llama a su tío, un sacerdote católico que ya había renunciado a realizar este procedimiento debido a una experiencia fallida que resultó en la muerte de la persona, y con quien la familia ya no tenía relación desde hace tiempo. La duda es, ¿será quien dice ser?

El filme es bastante predecible, muy recomendable para amantes de los clichés del cine de terror y de ciencia ficción. Cabe destacar el trabajo de diseño de producción y arte, a cargo de Nina Cortez y Rowena Antonette Villaseñor, que podría decirse que es el protagonista de la película.

La nueva ola del cine surcoreano
Algunos hitos

El año pasado, Parasite, dirigida por Bong Joon-ho, fue la primera película en representar a su país en la Academia de Hollywood, y obtuvo una enorme cantidad de galardones. Esta nueva ola de cine surcoreano data desde 1990, época en la que surgió una generación de directores que han ido mezclando diferentes géneros.

En 1996 debutaron dos grandes directores surcoreanos: Hong Sang-soo y Kim Ki-duk. Las películas del primero se caracterizan por la exploración que hace de las relaciones humanas en ambientes cotidianos y la profundidad emocional de sus historias. Y los films del segundo, por su transgresión vanguardista y el trabajo con personajes socialmente discriminados. En 2012 su largometraje Piedad fue el primero de su origen en ganar el León de Oro en el Festival de Cine de Venecia.

Un hecho histórico que no se puede pasar por alto es que en 1988 Roh Tae-woo fue elegido presidente tras cuarenta años de dictadura e impulsó la cuota de pantalla del cine surcoreano, que aumentó del veinte por ciento a más del cuarenta y cinco por ciento a principios de siglo, para disminuir la expansión americana en las salas.

El director

Hong Seon-Kim comenzó su carrera en 2006, con la miniserie de comedia romántica Fireworks. Luego de seis años regresó a la industria, en esta oportunidad para dirigir su primer proyecto para la pantalla grande, Traffickers (estrenada en 2012), un thriller con el que ganó al Mejor Director Nuevo el Blue Dragon, en los Blue Dragon Awards, la ceremonia anual de entrega de premios a la industria cinematográfica en Corea del Sur.

En 2014 volvió a la televisión con el drama de misterio Liar Game y estrenó The Con Artists, película de acción criminal protagonizada por el popular actor surcoreano Kim Woo-Bin. En 2017 dirigió el thriller policial The chase.

 

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