Hacer la vida: querer en 2 x 2

Por Catalina Heredia

La directora rosarina Alejandra Marino vuelve a la pantalla grande con su más reciente estreno Hacer la vida. Con un amplísimo equipo de nueve personajes, relata cómo funcionan los sinuosos movimientos del deseo.

En la película, las pasiones se traducen espacialmente en un conjunto de habitáculos sesgados unos de los otros. Las pequeñas viviendas, comunicadas por un patio interno compartido, se destinan a alojar individuos, pero terminan por funcionar como receptáculos divididos en los que se vierten toda suerte de querencias ocultas al ojo ajeno. El exterior es un lugar tosco para los anhelos, por ende, los habitantes de este recinto prefieren silenciarlos en sus madrigueras personales.

La propuesta del conventillo porteño funciona como un guiño hacia el tradicional chusmerío, la murmuración y los rumores a la que se someten los personajes encerrados en un laberinto de pasillos y puertecitas contiguas. La muerte de uno de los inquilinos despierta en este espacio reducido la curiosidad por comprender la impenetrable privacidad del otro, su cotidiano y, finalmente, el deseo ajeno. ¿Qué deseaba ese cuerpo ahora purgado de placeres y sensibilidad? ¿Cómo era su habitar, cómo se movía en su cuarto en el ordinario del día a día?

Para los demás, su deceso actúa como una invitación a pispear los interrogantes que su estrecha morada devela. Quizá en la pequeñez de esas cuatro paredes se ha podido formular un mapa, un código que revele los por qué de su destrucción. En esta oportunidad, la muerte ha representado un portal que conduce a una posible triangulación entre las coordenadas del querer; y el inquilinato se traduce así en un micro universo de placeres atravesados. Porque las implicancias del deseo no se mueven en línea recta, más bien tienden, en su sinuoso recorrido, a atravesarse y a ser atravesadas: perforan las paredes del conventillo y se entrometen unas con otras. Sucede que en espacialidades de 2 x 2 dificultosamente se logre enmascarar los anhelos.

El querer es desordenado, es torpe y es obtuso. Por momentos se mueve de maneras confusas y se entiende como una pulsión turbia e indefinida. No hay un camino previamente trazado que nos enseñe a vincularnos con nuestras ansias de una manera única. ¿Existen lo válido y lo inválido en materia del apetecer? Hace algunos años, Félix Guattari ya proponía algunas respuestas a estos interrogantes en su libro Micropolíticas. Cartografías del deseo: “La cuestión consiste en saber si no hay otra manera de ver y practicar las cosas, si no hay medios de fabricar otras realidades, otros referenciales, que no tengan esa posición castradora en relación con el deseo, que no atribuyan ese aura de vergüenza, ese clima de culpabilización que hace que el deseo sólo pueda insinuarse, infiltrarse secretamente, ser vivido en la clandestinidad, en la impotencia y en la represión”.

Debido a la pandemia por Covid-19, Hacer la vida estrenó en Cine.Ar Play, una plataforma argentina de streaming, dedicada a la emisión de películas, series, documentales y cortos de producción nacional. Está disponible haciendo click aquí.

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