La jauría: retrato de los movimientos feministas en América Latina

Por Chiara Zullo Salvucci

La jauría, disponible en Amazon Prime Video, está inspirada en el caso de violación grupal en España conocido como La manada y ocurrido en julio de 2016. La serie sigue la búsqueda de Blanca Ibarra, una estudiante de un colegio católico y líder feminista que desapareció sin dejar rastro. Temáticas como el abuso sexual en los ámbitos educativos, la violencia digital, el tráfico de menores y el movimiento feminista son abordados en esta producción chilena.

Dirigida por la argentina Lucía Puenzo (XXY, El niño pez y Wakolda) y con ocho de capítulos de aproximadamente 40 minutos cada uno, la trama comienza con un grupo de chicas manifestándose frente a su escuela con un pañuelo verde atado en el cuello que tiene como inscripción “no es no”. Esta es una escena que se repite a lo largo de todos los capitulos: estudiantes mujeres que toman la escuela para reclamar sus derechos y exigir a las autoridades que se expulse a un profesor que fue acusado por varias estudiantes por abuso y acoso sexual. A estas jóvenes las moviliza el hacerse escuchar, el pedir que se las respete y que se deje de minimizar la violencia de género. Luchan todos los días en la puerta de la institución exigiendo por la aparición con vida de Blanca, su compañera.

La investigación de la desaparición de la joven está en mano de tres detectives especializadas en violencia de género: Elisa Murillo (Daniela Vega, conocida por su papel protagónico en la película Una mujer fantástica), Olivia Fernández (Antonia Zegers) y Carla Farías (María Gracia Omegna). Estas mujeres se unen y mueven cielo y tierra para descubrir quién, o quiénes están detrás de la desaparición de la joven.

La historia muestra la lucha feminista en Chile, precisamente en Santiago (allí es donde se sitúa la serie), con la meta de derribar al patriarcado que tanto oprime. A pesar de no ser el foco de atención de esta producción, la unión de las estudiantes y las comisarias es un gran sostén durante toda la búsqueda de Blanca. En la canción introductoria, No Estamos Solas, se escucha la voz de la cantante Ana Tijoux, compositora chilena-francesa, quien aparece en algunos capítulos y dice una de las frases del trailer: “Esto no es nada de lobito contra ovejita, esto es lobo contra leona”. Acorde avanza la serie, la situación se esclarece un poco más y se añaden distintos factores sorpresa que logran que el espectador no pueda despegar los ojos de la pantalla y termine por devorarse los ocho capítulos.

Otro personaje clave es el de Celeste, la hermana de la desaparecida, que se encarga de hackear distintas plataformas para encontrar el paradero de Blanca. En las redes sociales, muchos usuarios hicieron referencia al parecido que hay entre el papel de Celeste y el de Lisbeth Salander en la película La chica del dragón tatuado. La actriz que interpreta a esta joven afirmó, en una entrevista con la BBC, que la importancia de las mujeres en esta serie tiene que ver con la relevancia que han conseguido los movimientos en el terreno en los últimos años, especialmente el que se conoce como la marea verde. Celeste se involucra directamente en el caso y termina convirtiéndose en una de las caras principales de la lucha por la aparición de su hermana.

Esta creación original de Amazon tiende a posicionarse en una de las más vistas de este año. Uno de los puntos centrales que aborda es la manera en la que se cuestiona a las víctimas cuando cuentan situaciones de violencia de género o abuso sexual. Lo interesante en esta ficción es que ninguna de las estudiantes, ni siquiera las detectives las innumerables veces que su jefe intenta convencerlas de que no es una caso tan importante, bajaron los brazos. Siguieron luchando y haciéndose escuchar. La marea feminista en todo el mundo llegó para quedarse, también en las producciones audiovisuales: la preponderancia de los papeles femeninos en La jauría muestra un cambio de paradigma en la industria televisiva.

A pesar de que varias críticas la definen como una serie “mal producida” y “mal actuada”, sostiene el suspenso durante todas sus horas de duración y brinda un mensaje profundo, apegado a la realidad que se vive en todo el mundo. No es el retrato del dolor por la desaparición de una chica, sino que es la narración de una lucha que no tiene fin. De mujeres que se unen aún cuando se las llama “feminazis”, “histéricas” y “chillonas”, y que no es no. Es el retrato de los movimientos feministas en América Latina, que logra que muchas jóvenes se sientan identificadas. La violencia machista existe y es importante que se busque concientizar también a través de producciones audiovisuales.

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