Misterios sin resolver: crímenes reales de la mano de Netflix

Por Daniela Benemio López

Cuando algo funciona bien es lógico querer mantenerlo en el tiempo o revivirlo. Eso fue probablemente lo que John Cosgrove, Terry Dunn y Shawn Levy tenían en mente cuando decidieron relanzar en Netflix un famoso programa de la década del ochenta: Misterios sin resolver.

Perteneciente al género true crime (crímenes reales), esta docuserie presenta -en su nueva versión- desapariciones misteriosas, supuestos suicidios, asesinatos masivos sin causa aparente e incluso el avistamiento de un OVNI. El hilo conector entre las seis historias es la falta de respuestas concretas para los protagonistas. A pesar del paso del tiempo, hijos, familiares, amigos y allegados esperan un cierre para sus casos, y logra transmitir al público ese mismo deseo.

Misterios sin resolver tiene una forma de llevar adelante la narración que resulta atrapante y sugestiva. Comienza presentando a los protagonistas de la historia, contando qué los caracterizaba, su rutina, qué vínculos tenían y cómo solía verlos su entorno. Luego, llega el momento de profundizar en esos detalles, con lo que quedan al descubierto sutilezas pasadas por alto previamente: enojo, envidia, rencor, desconfianza, inacción.

Esta producción tiene varios puntos a favor. En primer lugar, la ausencia de un narrador permite un dinamismo poco común en un documental y lleva a conocer la historia en primera persona, intercalando imágenes de archivo e ilustraciones explicativas. En segundo lugar, se decidió aclarar aquellas ocasiones en las que los involucrados no quisieron brindar declaraciones o en las que prefirieron hacerlo en condiciones especiales, detalle que permite al espectador sentir que participa de los pormenores de la serie e incluso sacar conclusiones. Con respecto a este punto, Misterios sin resolver decidió, además, invitar a que cualquier persona que tenga más información sobre cada caso la aporte comunicándose con los directores.

En tercer lugar, los escenarios elegidos son correctos, mostrando espacios de trabajo, pertenencias de las víctimas o haciendo un recorrido por sus hogares; lo que brinda más contexto que un simple salón frío. Los paneos aéreos de las ciudades o pueblos donde residían, los mapas y las fotos incitan a intentar reconstruir los hechos y a involucrar al que mira, sintiendo de forma más cercana los espacios.

Un detalle destacable de Misterios sin resolver es que logró que el FBI reabriera un caso de 2004, el de Alonzo Brooks. Esto se debe a que la sociedad comenzó a seguir sus propias pistas y a brindárselas a las autoridades, que consideraron muchas de ellas creíbles y dignas de ser estudiadas. Además, Netflix puso a disposición de la audiencia todas las pruebas que poseen de los casos (incluso algunas no incluidas en los episodios), por lo que aquellos interesados sólo deben ingresar al archivo de Drive que ONtrend comparte aquí.

Se espera que Netflix lance otros seis episodios de este reboot que ya logró instalarse en miles de hogares; por lo que, si tu instinto investigador quedó sin saciar, tendrás más misterios sin resolver.

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