El silencio del cazador

Por Agostina Vicente

Ambientada en la selva misionera, El silencio del cazador es un interesante thriller que explora las diferencias de clase, el amor y las relaciones de poder.

Ismael Guzmán (Pablo Echarri) es un guardaparques que patrulla incansablemente en busca de cazadores furtivos y Orlando “El Polaco” Venneck (Alberto Ammann) es un poderoso terrateniente que, como sus ancestros, se dedica a la caza a pesar de las prohibiciones. Estos dos personajes están enfrentados por algo más que un simple conflicto de intereses: los enemista el amor de Sara Voguel (Mora Recalde), una médica rural que es pareja actual de Ismael y ex de Venneck. Cuando un animal salvaje aparece en escena para modificar las rutinas cotidianas de los personajes, los conflictos resurgen y la tensión va in crescendo hasta explotar de una forma violenta, aunque algo predecible.

Martín Desalvo es el responsable de este thriller con elementos de western. Viene de dirigir Unidad XV y El padre de mis hijos, dos películas muy diferentes entre sí y que no se parecen en nada a esta nueva apuesta. En El silencio del cazador, el mayor acierto del director está en la elección de los planos secuencia y de ciertas tomas que permiten que el espectador perciba la tensión que acompaña a los personajes a lo largo del filme.

El guion, escrito por Francisco Javier Kosterlitz, toca diversas aristas y no se detiene exclusivamente en el triángulo amoroso que enfrenta a Guzmán y Venneck. Así, vemos cómo la trama se ve atravesada por conflictos de poder, de clase y de género, por una violencia tanto explícita como tácita. El machismo de los sectores más tradicionales está sumamente presente, así como lo está la impunidad con la que se manejan los poderosos.

Los personajes secundarios y sus subtramas complementan la historia y refuerzan algo que, sin ellos, caería fácilmente en el cliché. En este punto, se destaca la participación de César Bordón, quien interpreta al jefe de Guzmán; y de Thiago Morinigio, que interpreta a Sordo, un niño del pueblo que acompaña al personaje de Ammann.

La premisa de la supervivencia del más fuerte rige todo el filme. Un mensaje de preservación del medio ambiente y de la fauna autóctona sobrevuela la película sin resultar excesivamente moralizador.

Resentimientos, amor, desamor, violencia y poder: esta conjunción de elementos da como resultado un largometraje aceptable, sin mayor trascendencia pero lo suficientemente entretenido como para sostenerse en sus 103 minutos de duración.

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